Casa Guipuzcoana




Es una edificación colonial cuya construcción se concluyo en el año 1736, tenía como finalidad ser la sede de la Real Compañía Guipuzcoana, la cual tuvo el monopolio comercial entre Venezuela y España. El inmueble se caracteriza por tener una forma parecida a un paralelopípedo con un cuerpo central más elevado que define el eje de simetría, dando énfasis a la fachada. Posee dos pisos más un cuerpo central elevado.
La Casa Guipuzcoana a mediados del siglo XIX
Se accede a través de un zaguán, que conduce a un patio circundado por corredores que relacionan los diferentes ambientes en las plantas a partir de un corredor en planta baja. Techado y definido por pilares, se convierte en balcón en los otros niveles. Escaleras de madera tallada conectan verticalmente los pisos. En el primer nivel se observan los balcones con columnillas y balaustres de madera torneados, tanto en el centro como en las esquinas laterales. La estructura está construida con muros de mampostería de piedra, las columnas del patio central, los vanos de las puertas y ventanas son de de coral: los entrepisos son de madera así como los techos que están a la vez cubiertos de tejas. 

Patio Central

Su última intervención fue realizada por el Ing. Santico Calcina, por orden de la desaparecida Gobernación del Distrito Federal, el cual era para ese momento Secretario Ejecutivo de la Comisión para el Rescate de La Guaira Colonial.
Para el año 1964, la Junta Nacional Protectora y Conservadora del Patrimonio Histórico y Artístico de la Nación mediante una Resolución la declara Monumento Nacional, publicada en la Gaceta Oficial Nro. 27.564; posteriormente en 1965, el Ilustre Concejo Municipal del Distrito Federal, en uso de sus atribuciones legales, por Acuerdo la declararla Patrimonio  Histórico de la Ciudad de Caracas, publicándolo  en la Gaceta Municipal del Distrito Federal Nro. 11.497. El 01 de julio de 1997, Ilustre Concejo del Municipio Vargas declaró a la Casa Guipuzcoana como sede del Museo Municipal del Patrimonio Cultural y Natural del Municipio Vargas, así como de la Oficina para la Conservación del Patrimonio Cultural y Natural, además de la Oficina del Cronista de la ciudad; en al actualidad se encuentra establecidad en forma provisional el Despacho del Gobernador del Estado Vargas.
La Casa Guipuzcoana en la actualidad


Editado Por: Whylmhar Daboín

LA REAL COMPAÑÍA GUIPUZCOANA




Antecedentes 

El siglo XVIII venezolano es el siglo de las transformaciones económicas. Durante él se cimienta la economía dineraria, se asiste a la penetración económica del capitalismo comercial con la Compañía de Guinea, la Compañía Inglesa y la Compañía Guipuzcoana. Y remata con el período del llamado comercio libre. Esta acelerada evolución traerá como consecuencia la formación de una clase poderosa económicamente y la difusión de un nuevo pensamiento económico social que constituirá el fundamento ideológico del movimiento emancipador.
La vacancia del trono de España a comienzos del siglo XVIII rompe el equilibrio europeo, con la designación de Felipe de Anjou nieto de Luís XIV al trono español y estalla una larga guerra conocida con el nombre de "Guerra de la Sucesión de España" donde la Casa de Austria, Inglaterra, Holanda, Portugal, defienden los derechos del heredero alemán frente al pretendiente francés. Al fin fue reconocido el francés que subió al trono con el nombre de Felipe V. Una nueva dinastía la de Borbón, asciende al trono y con ella una nueva concepción del Estado se manifiesta, la que va a tener resonancia en la política de las colonias.
Para Venezuela la Guerra de Sucesión fue desastrosa. La economía agrícola se resintió y el comercio con la península y con las colonias se hizo casi nulo. Todos los documentos de esa época; así como los libros de la Tesorería, hablan de la miseria que soportó la población venezolana y cómo se tuvo que importar hasta casabe.

Felipe V autorizó a la Compañía Real de Guinea, empresa comercial francesa, para comerciar con las Indias Occidentales en esclavos, hasta por un máximo de 10.000,000 toneladas, calculándose tres negros por tonelada. Esta Compañía introdujo 778 esclavos en la provincia de Venezuela. Fue constantemente hostilizada por los funcionarios coloniales y duro hasta 1713, cuando fue sustituida por la Compañía Inglesa.

Felipe V


Compañía Inglesa:

Al firmarse la paz entre las naciones contendientes por la sucesión de España, Inglaterra logró por unos de los tratados, el de Utrecht, firmado el 11 de abril de 1713, una concesión para traer negros a las colonias americanas. Esta Compañía tuvo particular importancia en Venezuela, ya que se hizo cargo de casi todo el comercio de provincia. Aún cuando no tenía autorización para comerciar sino en esclavos hicieron caso omiso de esto y se dedicaron al comercio general con las colonias. Para 1717 seis navíos ingleses llegaron a la Guaira cargados de harina, aceitunas, bacalao, arenques, vinos, queso y llevaron cueros y tabaco.
En 1718 entran cinco navíos ingleses cargados de mercaderías y sacan cacao, cueros y tabacos.

La Compañía Guipuzcoana:

Pero estas empresas extranjeras, en especial la compañía inglesa, aprovechaban el asiento para hacer comercio de contrabando, en perjuicio de los intereses económicos del gobierno metropolitano. Como consecuencia, el contrabando aumentó en forma alarmante en las primeras décadas del siglo XVIII. Era preciso, pues, combatirlo y asegurar al Rey los beneficios del comercio con sus colonias. Estas circunstancias determinaron la creación de la Real Compañía Guipuzcoana,. Constituida el 25 de septiembre de 1728, en virtud de una real cédula que expidió el rey Felipe V, cuyas bases, establecidas, fueron las siguientes:

1. El Rey concedía a la empresa el monopolio comercial con la provincia de Caracas. En tal virtud, era la única que podía vender en la provincia toda clase de mercancías importadas; así como también comprar los frutos del país y llevarlos a España en las cantidades necesarias al consumo de la metrópoli. Los barcos de la empresa podían salir directamente de los puertos de Guipúzcoa y llegar a La Guaira y Puerto Cabello. Una vez abastecida la provincia de Caracas, la empresa podía vender y comprar en las provincias de Cumaná, Margarita y Trinidad.

2. La Guipuzcoana debía vigilar las costas y perseguir el contrabando, desde las bocas del Orinoco hasta Río Hacha. Sus barcos, debidamente armados, recorrerían las costas. Sus capitanes recibieron patentes de corso, esto es, autorización para apresar las naves contrabandistas y confiscar sus mercancías. Además, la empresa debía mantener varias embarcaciones pequeñas y quinientos hombres para el servicio de guardacostas en el litoral.

El Rey garantizó a la Guipuzcoana que ninguna otra persona o empresa recibiría permiso para intervenir en este comercio. Se declaró la protección del Rey a la empresa y se despacharon instrucciones a las autoridades coloniales para que se le dispensara toda clase de facilidades. Por último, el Gobernador de la provincia de Caracas fue nombrado Juez Conservador de la Compañía. De esta manera fue consagrado el carácter oficial de la empresa, en cuyas manos quedó.

Los Inicios

Operó desde 1730 hasta 1785, y tuvo gran influencia en el desarrollo económico, social y político de la colonia. Trabajó a base de acciones pertenecientes a capitalistas vascos, principalmente de la provincia de Guipúzcoa en el norte de España.

La constitución de la Compañía Guipuzcoana comenzó a fraguarse desde principios de la tercera década del siglo XVIII. Sirvió como fundamento económico para la promoción de la empresa el informe presentado por Pedro José de Olavarriaga, quien estuvo en Caracas en los años de 1720 y 1721 en ejercicio de su función como juez de comisos, documento en el cual hizo una descripción del estado de la gobernación, su producción y comercio con España y México, y con otros dominios españoles y extranjeros en América. El consumo de cacao en España se había generalizado y constituía materia de primera necesidad, pero los conflictos bélicos en que a menudo se vio comprometida la metrópoli, interrumpieron a veces casi absolutamente el aprovisionamiento del grano procedente de Caracas. Además, los mercaderes y propietarios de naves caraqueños, preferían atender la demanda de México, por su proximidad, los menores riesgos de la navegación y por el pago en monedas de plata y oro que le permitían toda clase de negociaciones locales y con el comercio español o extranjero, fuese legítimo o irregular, pues esas remesas constituían la única masa de numerario que ingresaba a esta gobernación. Conforme a una certificación del movimiento de naves y su carga, correspondiente al período 1720 a 1730, en esos años partieron para Veracruz (México) 76 naves con un cargamento de 188.481 fanegas de cacao, en tanto que para Cádiz salieron sólo 9 navíos con 40.243 fanegas, de un total de 256.081 fanegas extraídas con destino a México, España y Canarias. Tras dilatadas negociaciones entre la Corona y los promotores de la compañía, las conversaciones sostenidas por Felipe de Aguirre, en su condición de comisionado por la provincia de Guipúzcoa, y el ministro José Patiño, culminaron con la expedición de la real cédula de 25 de septiembre de 1728, que otorgó a la Compañía Guipuzcoana el privilegio del comercio recíproco entre España y la provincia de Venezuela. Las otras gobernaciones que hacia finales del siglo XVIII integraron, primero, la Intendencia de Ejército y Real Hacienda, y después la Capitanía General, la Audiencia y el Consulado, no quedaron entonces comprendidas dentro de este contrato, aunque luego se extendió a la de Maracaibo por tiempo de 12 años, mediante real cédula de 19 de agosto de 1739. El comercio de Venezuela era muy codiciado pues su cacao gozaba de la mejor reputación en los mercados mundiales. Por su precio se colocó en el tercer lugar después del oro y de la plata, y en la misma posición de otro artículo precioso como era la grana. En España llegó a cotizarse por encima de 80 pesos la fanega, y aunque la compañía hizo bajarlo a 45, era ésta una suma tan importante que equivalía al salario de un año de un trabajador agrícola, un peón, a razón de 9 reales semanales que se pagaba ordinariamente en la provincia de Venezuela. Conforme al contrato, la compañía despacharía anualmente 2 o más barcos mercantes a Venezuela, los cuales estarían equipados para la guerra con 40 o 50 cañones. Podrían cargar en España toda clase de mercaderías, facultados para tocar indistintamente en La Guaira o Puerto Cabello, para comerciar desde ahí con todas las ciudades de la jurisdicción. Estas naves partirían directamente desde los puertos de Guipúzcoa; pero a su regreso estaban obligadas a tocar en Cádiz. La compañía se comprometió a ejercer la vigilancia del litoral de la provincia, en cuya misión debía mantener una o más naves que recorrerían constantemente la dilatada costa, no sólo aquella correspondiente a su concesión, sino desde la boca del Orinoco hasta el río de la Hacha; de los navíos que apresase le corresponderían dos tercios de su venta y las mercaderías las pagaría «a precios justos». Se le autorizó para incorporar a su flota mercante naves construidas en el extranjero, aunque sólo en sus primeros viajes, exonerándola del derecho de extranjería, un impuesto que pagaban los navíos fabricados fuera de España y sus dominios. Una vez abastecida la provincia de Venezuela, la mercadería sobrante podía ser conducida a las de Cumaná, Trinidad y Margarita, e intercambiada por plata, oro y frutos destinados al comercio ordinario con España. El Rey se reservó el derecho de hacer concesiones semejantes a otras corporaciones, pero esta cláusula sólo fue empleada como una amenaza para obligar a la compañía a cumplir con puntualidad sus compromisos, siendo derogada en 1732 aunque en forma condicionada, y definitivamente eliminada por real cédula de 1742. De manera que de hecho en los 2 primeros años y de pleno derecho a partir de esa fecha, durante 50 años disfrutó ella sola y a sus anchas del trato exclusivo entre la provincia de Venezuela y España. El comercio con los otros dominios españoles en América y colonias extranjeras, cuando fuese autorizado por las presiones políticas, particularmente bélicas, quedaba fuera de los términos del contrato con la Guipuzcoana.


La compañía en actividad: Inmediatamente después de publicarse la cédula de creación de la empresa, fueron abiertos los libros para suscribir el capital previsto de 3.000.000 de pesos, a razón de 500 pesos cada acción. Sólo la mitad de esa suma fue cubierta, pero resultó suficiente para iniciar las actividades. Y así, el 15 de julio de 1730 salieron del puerto de Pasajes las 3 primeras naves (dos fragatas y una galera), artilladas en total con 86 cañones y una tripulación de 561 hombres. Tres meses más tarde partió un cuarto navío, una fragata de gran porte. 
Nuestra Señora del Coro, fragata armada en corso por la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas


Los resultados comerciales de estas primeras expediciones fueron extraordinariamente provechosos para la compañía, pues habiendo retornado ese año sólo 2 de esas naves, condujeron a la Península 80.000 fanegas de cacao, compradas al precio de sólo 10 pesos, siendo vendidas en España a razón de 45 pesos, lo que dio un producto bruto de 3.600.000 pesos, que deducido el costo del fruto, 800.000 pesos, y el de las naves y sus armamentos, los impuestos, sueldos de funcionarios, salarios de las tripulaciones y gastos de instalación y otros, arrojó un producto neto de 738.000 pesos. 

Nuestra Señora de la Asunción, conocido por el sobrenombre de Guipuzcoano fue un buque mercante armado, útil para funciones de guerra de la Compañía Guipuzcoana similar a los navíos de 50/60 cañones de la compañía británica de las Indias

Tres años después de haber iniciado sus actividades, repartió un dividendo del 20%, una vez deducida la participación de la Corona en las utilidades. El establecimiento de la compañía causó gran indignación en la provincia. El Cabildo de Caracas reclamó que no se le había consultado, como ocurrió en otras oportunidades por estar comprometido el interés del común. Además, el contrato provocaba una alteración profunda de los negocios regulares establecidos por los cosecheros y mercaderes criollos, en su mayoría de origen vasco, con la metrópoli, Nueva España (hoy México) y los dominios del Caribe. Esta protesta no surgió porque aquellos se sintiesen afectados en el comercio ilegal, pues ocasiones para ejercerlo tendrían cuando quisiesen y les conviniese, sino porque les arrebataba el comercio directo con España, no solamente del cacao, sino el de los efectos europeos para el abastecimiento del mercado local, ya que México proporcionaba los metales amonedados y sólo en muy pequeña escala, mercadería de consumo indispensable para la dieta, el vestido, y artefactos de uso artesanal o de la pequeña e incipiente industria, en su mayor parte procedentes de Inglaterra o Francia y de la propia España. Otra fuente de conflictos fueron las relaciones con la Real Compañía del Asiento Inglés para la introducción de negros, autorizada por el asiento para invertir en frutos del país el producto de la venta de los esclavos y también para vender una limitada cantidad de efectos supuestamente sobrantes de sus provisiones. Apoyándose amenazadoramente en sus barcos armados, la Guipuzcoana puso guardias suyos en las naves inglesas, lo cual motivó una protesta del factor inglés, quien exhibió documentos reales que apoyaban sus operaciones. El gobernador resolvió el incidente en favor del asiento inglés, pero en los años siguientes continuaron las disputas hasta que finalmente el Rey decidió que las naves inglesas de dicho asiento no fuesen molestadas y se les bonificase por cualquier daño que recibieren. La situación se agravó en el curso de la siguiente guerra contra Inglaterra, y las naves británicas que atacaron a La Guaira en 1743, recibieron órdenes del almirantazgo de destruir cuantas cosas de mar o de tierra pertenecieran a la Guipuzcoana. Estos incidentes no cesaron hasta la firma del Tratado de El Buen Retiro (1750) por el que Inglaterra cedió el convenio suscrito en 1713, a cambio de una fuerte indemnización por parte de España.

El fallido ataque ingles del Comodoro Knowles a la Guaira en 1743

La resistencia local contra la compañía fue promovida y ejercida principalmente por la nobleza criolla representada en el Cabildo caraqueño, y los grandes mercaderes y cosecheros, apoyados en sus recursos y en la flota mercante que ellos poseían, más sus vinculaciones con las grandes casas mercantiles de Cádiz. El establecimiento de la Compañía Guipuzcoana ha inclinado a numerosísimos autores a sostener que la presencia vasca en Venezuela tuvo su origen en ella, y la propia compañía contribuyó a difundir esta versión. Sin embargo, nada más incierto pues desde finales del siglo XVI se estableció en Caracas un influyente y numeroso grupo integrado por individuos procedentes de Vizcaya. En el siglo XVIII, la flota mercante caraqueña que mantenía un comercio directo con España y tuvo en sus manos sin soltarlo durante 2 centurias el comercio con México, era propiedad en su absoluta mayoría de los descendientes de aquellos primeros pobladores vascos, y de otros de más reciente arribada, que no fueron dependientes de la compañía sino sus adversarios por conflictos de intereses. Esta oposición desembocó en la llamada Insurrección de Juan Francisco de León (1749-1751), isleño canario establecido en Venezuela. Previamente habían ocurrido varios incidentes notables. Desde tiempo inmemorial los cosecheros y mercaderes caraqueños habían gozado de la facultad de disponer de un tercio de la capacidad de carga de las naves que tocaban en La Guaira, para cargar en ellas sus propios frutos. Cuando llegaron los primeros navíos de la compañía, aquéllos intentaron hacer valer ese derecho. Pero los factores se negaron terminantemente a reconocerlo, apoyándose en la cédula real de constitución de la compañía, y el gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, Sebastián García de la Torre, en su condición de juez, la favoreció con su fallo. En su apelación ante Felipe V aquellos mercaderes y cosecheros no pudieron exhibir cédula alguna que les otorgara esta gracia; no se encontró ni en los archivos municipales ni en los de España. En realidad, no existió jamás; pero el hábito tenía antecedentes de más de una centuria y en este argumento se apoyaron los coloniales para alegar sus prerrogativas. El Rey se negó a reconocer el supuesto derecho y se limitó a recomendar a los capitanes de navíos que tocasen en estos puertos, admitir de los cosecheros frutos para conducir a España u otras partes, pero sólo en proporción de las obligaciones precisas de sus registros. Los mercaderes metropolitanos o americanos, quedaron excluidos y de hecho también, los cosecheros, pues era contrario a los intereses de la compañía admitir frutos de personas extrañas. Como las extracciones dirigidas a México continuaron siendo mayores que las expediciones a España, el gobernador Martín de Lardizábal pidió en 1733 a los oficiales de la Real Hacienda, un informe sobre los avalúos de las de cacao que hubiesen salido de La Guaira. Se confirmó que en el curso de aquel año se embarcaron más de 54.000 fanegas, de las cuales 17.700 se llevaron a España y a México 26.400. El gobernador ordenó que en adelante sólo se podrían enviar a Veracruz (México) 21.000 fanegas, obligando de esta manera a los productores locales a entregarle la mayor parte de sus cosechas a la compañía, y como si esto no bastase, declaró que los precios eran excesivos, y si bien no decretó su baja, resultaba innecesario porque esos cosecheros tenían que deshacerse del sobrante a cualquier precio, o correr el riesgo cierto de perderlo. En efecto, esta orden del gobernador abatió notablemente los precios locales. No satisfecha la compañía con las ventajas obtenidas y el monopolio del comercio entre España y Venezuela, intentó en 1738 apoderarse también del comercio con México, y ofreció pagar el cacao a 14 pesos la fanega en lugar de 11 a que había descendido. Mediante esta oferta logró el apoyo del Cabildo, pero el marqués del Toro y el conde de San Javier llevaron el asunto ante el monarca, quien negó su aprobación al plan. Dos años más tarde renovó su intento y finalmente fue convocada una Junta General de los cosecheros de Caracas donde el proyecto fue rechazado. Desconociendo este resultado, se acudió a una consulta directa de todos los cultivadores, y aunque la mayoría dio su aceptación y aparentemente la compañía había vencido la resistencia, cuando se dispuso a iniciar el tráfico a Veracruz y consultó a 85 cosecheros sobre las cantidades que estaban dispuestos a embarcar, resultó que sólo pudo obtener de 3 de ellos la promesa de 240 fanegas. Los restantes contestaron que no tenían cacao, agregando algunos de ellos altaneramente, que si lo tuvieran no lo habrían embarcado en nave de la compañía, y ésta, finalmente, desistió de sus propósitos. La caída de los precios que continuó acentuándose a partir de 1740 a 1749, constituyó uno de los fundamentos de las alteraciones políticas ocurridas al final de esa década. De acuerdo con un informe solicitado a los funcionarios de la Real Hacienda, en el curso de esos 10 años las extracciones para España fueron de 171.200 fanegas de cacao, en tanto que hacia México más algunas pequeñas cantidades enviadas a las islas del Caribe, las exportaciones pasaron de 258.300 fanegas. Y en cuanto a los precios, ese informe demostró que de 20 pesos la fanega en 1730, descendió a sólo 8 pesos en 1747. Este precio no alcanzaba a cubrir el costo, conforme a todas las estimaciones hechas en esa oportunidad, y el cultivo y producción podían mantenerse sólo gracias al comercio con México que compensaba la pérdida sufrida por los cultivadores.

La Rebelion De Juan Francisco De León

Juán Francisco de León

La revuelta de Juan Francisco de León en 1749, despertó cierta desconfianza hacia la compañía de parte de la Corona, no sólo por este hecho sino porque no le rendía cuenta de sus operaciones y desde 1741 había suspendido la entrega de dividendos, por lo cual los accionistas estaban descontentos. Se acusaba a los directores de hacer negocios personales. La Corona ordenó la convocatoria de una Junta General que se reunió en la Sala del Consulado de San Sebastián, dictándose un reglamento que estableció severas medidas sobre los llamados «gastos secretos», pues había la sospecha, expresada en el proyecto original de ese documento, acerca de «honorarios» que la compañía le daba al obispo y al gobernador de Caracas. Manuel de las Casas, representante de la Corona en el Consejo de la Compañía expresó: «Su Majestad no está ignorante de esto desde que durante siglos pasados ha visto que quienes van a América con un sueldo que apenas cubre sus necesidades, vuelven con dos, cuatro y ochocientos mil pesos fuertes. Esto es conocido y no le veo remedio». La revuelta encabezada por Juan Francisco de León no fue sino una de las muchas manifestaciones de oposición de la provincia al monopolio de la compañía, aunque ciertamente la de mayores proporciones por el número de personas implicadas y por los resultados finales. Se inició en Panaquire, el 2 de abril de 1749, donde León desempeñaba el cargo de teniente de guerra, y se extendió a todas las poblaciones vecinas en la zona de Barlovento. Reunió una multitud de más de 8.000 pobladores que armados de diferentes armas, desde el simple machete hasta el fusil, marcharon sobre Caracas. El 19 de abril este ejército irregular llegó a Chacao, donde se iniciaron las conversaciones con el gobernador Luis Francisco de Castellanos, y el día 20 avanzó hasta la plaza principal de Caracas. Después de varias incidencias se renovó el conflicto y León marchó sobre La Guaira y habiendo el gobernador aparentemente aceptado las demandas de expulsar a la compañía, dispersó su ejército el 7 de agosto y regresó a Panaquire. En 1751, llegó el nuevo gobernador brigadier Felipe Ricardos y con las tropas que condujo de España, emprendió la persecución de León y de todos aquellos que le prestaron ayuda, entre quienes se contaban los hombres más notables y la mayoría de los grandes cultivadores de cacao en número de 80. Derrotado, León se entregó el 9 de febrero de 1752. Esta revuelta se extendió por casi 3 años.

Declive de la Compañía Guipuzcoana

Después de estos graves sucesos, la compañía fue restituida en sus facultades, pero sujetándosela a severas condiciones; entre ellas, la principal, la constitución de una Junta Reguladora de Precios formada por el gobernador, como árbitro, el factor de la compañía y un diputado del Cabildo en representación de toda la provincia. La Junta se reunía en enero y en ella el representante de la provincia y el de la compañía, exponían sus argumentos, el primero en demanda de más elevados precios en la venta de los frutos del país y de moderación en los precios de los efectos de España introducidos por la compañía. En caso de no llegarse a un acuerdo, la decisión correspondería al Rey. El resultado inmediato de este sistema fue un alza progresiva que pasó de 7 u 8 pesos la fanega, a 11, 12, hasta 16 pesos y aún más pasados los años 1770. La compañía fue obligada a ceder a los embarcadores caraqueños hasta una sexta parte de la capacidad de carga de sus naves, y se le fijaron fletes moderados. Además, no obstante sus protestas, tuvo que admitir la participación de 300 accionistas de la provincia de Caracas y 100 de la de Maracaibo. También se la obligó a un mayor abastecimiento de la demanda local de artículos españoles y europeos, entre ellos algunos tan indispensables como el aceite, la harina y otros comestibles, tejidos y toda clase de materiales para el vestido. A partir del establecimiento de la Intendencia de Ejército y Real Hacienda en 1776, la compañía debió enfrentar la resistencia que le opuso el primer intendente, José de Abalos, quien al parecer trajo instrucciones para someterla a controles más rígidos y mermar sus privilegios. La guerra con la Gran Bretaña en 1779, la colocó en condiciones muy precarias que no le permitieron cumplir sus compromisos con la Corona y la provincia, y tuvo que acudir a préstamos de los vecinos de Caracas para continuar sus operaciones. El Cabildo, por su parte, creció en osadía y reclamó mayor participación en los negocios locales. Las dificultades del comercio foráneo hicieron necesaria la extensión a los mercaderes criollos de franquicias para el tráfico con los dominios extranjeros y para el ejercicio mercantil en áreas que habían sido exclusivas de la compañía; de hecho cesaron sus privilegios a partir de 1780, y finalmente sucumbió cuando por real cédula de 10 de marzo de 1785 se ordenó su disolución oficial. Los bienes de la Guipuzcoana pasaron a la Compañía de Filipinas, creada en esa misma oportunidad.

Editado por: Whylmhar Daboín

PLANOS Y MAPAS




1578, plano de Juán de pimentel


17--,  La guayra. Vault

17--,  .Plano del Puerto de la Guaira situado en la costa de Caracas en la latd. norte de 10 grads. y 37 minutos y en la longd. de 309 grados 47 minutos. Vault


17--, Plano del Puerto de la Guaira cittuado en la costa de Caracas en lattd. N. de 10037' y longd. 309047' de Thenerife, Vault

 
1756, Port de La Guaira a la Coste de Caraque, Jacques Nicolas Bellin


1762, Plan of Puerto de la Guaira on the Coast of the Caracas, Thomas Jefferis


1767, Proyecto que se propone para la seguridad de la plaza de la Guaira, Anónimo, (No se ejecutó)

1778, Plano de la plaza de la Guaira con todos sus castillos y baterías", Anónimo.

1778, Plano de la serranía entre Caracas y la costa de la Guaira", por Agustín Crame.


1795, Plano que manifiesta el proyecto del camino de la Guayra, elaborado por Francisco Jacott el 30 de abril

1897, Mapa del tren entre Caracas y la Guaira.


Plano del Ferrocarril La Guaira a Caracas


1932. ferrocarril Caracas La Guaira


Linea de Ferrocarril Maiquetía-La Guaira- Macuto


Editado por: Whylmhar Daboín

Realizada tercera Visita al archipiélago Los Testigos


El Instituto del Patrimonio Cultural, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura, conjuntamente con el Instituto Socialista de la Pesca y Acuicultura (Insopesca) y la Dirección Técnica de Zonas Costeras del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente, realizaron del 4 al 12 de agosto la tercera visita al Archipiélago de Los Testigos.

Esto como parte del Plan de Ordenamiento y Gestión Integrada, una propuesta para declarar al Archipiélago Los Testigos como Patrimonio Histórico-Cultural y Arqueológico.
El levantamiento planimétrico y fotográfico de las construcciones fueron efectuadas en este archipiélago con  diversas labores de arqueología subacuática y terrestre. Asimismo se entablaron reuniones compartidas con la comunidad.
Francisco Catalano, jefe de la Oficina de Prospección arqueológica del Instituto de Patrimonio Cultural explicó que, “el Plan de Ordenamiento contempla la delimitación de viviendas en la isla y de las áreas protegidas, estas áreas contemplan zonas naturales y sitios arqueológicos a los que se les hará un poligonal de protección específica.
Durante el pasado año este trabajo de delimitación se había adelantado, faltando por determinar algunos sitios subacuáticos” señaló Catalano.
En las Islas Testigos Grande y La Iguana fueron los lugres donde se efectuaron las prospecciones arqueológicas subacuáticas.
Otro de los métodos aplicados fue efectuar una prospección terrestre en la cual se halló muestra de material arqueológico de cada una de las zonas.
En este sentido, David Torres, funcionario del IPC informó que esta visita también fue pertinente por el hecho de que “se abordaron aspectos importante sobre el patrimonio, el ambiente y la conformación de los consejos comunales de pescadoras y pescadores del lugar”.
Prospección arqueológica
Roger Arrazcaeta, arqueólogo cubano comentó que “trabajamos en las diferentes islas del archipiélago de Los Testigos, realizamos prospección arqueológica subacuática y terrestre. Visitamos varias islas, aunque la investigación estuvo centrada en las islas que representaban mayor interés arqueológico”.
El trabajo arqueológico subacuático se centró en la exploración entre las playas Los Ingleses y la pequeña isleta La Angoleta. Igualmente se recopiló información acerca de al menos dos naufragios en aguas fuera del archipiélago.
Luego de una exploración completa se determinó que las mayores áreas con presencia de patrimonio arqueológico se ubican en las islas de Testigo Grande y La Iguana, lugares donde se hallaron evidencias de culturas aborígenes y de la época republicana del siglo XIX.
Para concluir el arqueólogo añadió que “determinar el patrimonio arqueológico del lugar es principalmente una labor preliminar en la que todavía hay que explorar más las islas y sus fondos submarinos, además hay que realizar trabajos de excavación arqueológica para conocer mejor los hallazgos y los rasgos culturales que presentan”.
 
Editado por: Abílio De Oliveira
Fuente: IPC

LA GALIPANADA

Con el Nombre de La Galipanada se denominó a un frustrado movimiento revolucionario en Venezuela ocurrido el 17 de agosto de 1858. El movimiento fue formado por liberales descontentos con el gobierno de Julián Castro quien había sido designado presidente, tras la Revolución de Marzo que derroco a José Tadeo Monagas. y por otro lado, Las hostilidades diplomáticas de Inglaterra y Francia que habían impuesto un bloqueo naval a Venezuela en exigencia del cumplimiento del protocolo Urrutia y la presencia de elementos conservadores en el gobierno de Castro condujeron a planificar una insurrección.

La imprudencia de los conspiradores, lo descabellado de sus planes y la excesiva confianza en la impopularidad del régimen, condujeron a que fueran derrotados sin mayores problemas. El General Carlos Soublette había colocado tropas en la zona del litoral, entre Catia La Mar y Maiquetía, con lo que derroto y capturo en las cumbres de Galipán a una columna de los conspiradores que había salido de Caracas, subiendo por el Ávila, hacia La Guaira.
General Carlos Soublette
 El fracaso del movimiento fue calificado como "ridículo Sainete", dándosele el nombre de "Galipanada". Los miembros del comité revolucionario fueron detenidos y encarcelados; entre ellos se encontraba Antonio Guzmán Blanco y Rafael Agostini. Como recuerdo de ese pasaje histórico, existe una cruz en el sitio donde falleció uno de los soldados caídos en combate, en el área de Boca´e Tigre, en la subida hacia Galipán.
Antinio Guzmán Blanco


Artículo Editado por Whylmhar Daboín

ANDRÉS NARVARTE

Andrés Narvarte, 1874.
           Oleo de Martín Tovar  y Tovar
Nace en la Guaira en 1781, Hijo de Joaquín Narvarte y Descarga y María Josefa Pimentel y de la Mota.
Abogado y político, fue Vicepresidente de la República. Encargado de la primera magistratura en los años 1835, 1836 y 1842. Egresó de la Universidad de Caracas el 9 de diciembre de 1804 con un Doctorado en derecho civil. En 1810 se unió a la causa independentista de Venezuela. Entre 1813 y 1814 fue gobernador de la provincia de Trujillo. Al perderse la Segunda República, emigró a la isla de Saint Thomas. Siendo desconocida la fecha de su regreso a Venezuela es desconocido; pero en marzo de 1819 se halla en Juangriego y para el año 1822 era intendente de Venezuela. 

           Andrés Narvarte fue un reconocido masón, para 1824 poseía el grado 33. Por lo cual el 24 de junio de 1824, aniversario de la Batalla de Carabobo, asistió en representación de una logia de la 18 logias existentes en ese momento a una reunión celebrada en Caracas para la instalación formal de la "Gran Logia de la Gran Colombia, siendo  presidida por el Lic. Diego Bautista Urbaneja e integrada por los II:. HH:. José Cordero, Fernando Peñalver, José Marra Lovera, José Marra Pelgrón, Manuel López Umérez, José R. Martín, todos del Grado 33°, incluyéndose al mismo Narvarte.

Símbolo Masónico del Grado 33
              En 1830 fue designado diputado por Caracas en el Congreso Constituyente de Venezuela. Con motivo de la discusión ese año, en el Congreso, del proyecto de decreto en favor de quienes participaron en el atentado contra la vida del presidente de la República, Simón Bolívar, el 25 de septiembre de 1828, Narvarte hizo gala de elocuencia cuando dijo que su intervención era para rendir culto a la moral política; manifestó que consideraba dignos de clemencia a los individuos que tuvieron participación en los sucesos del 25 de septiembre y que se les restituyesen sus derechos ciudadanos; pero el Congreso no debía aprobar un decreto mediante el cual Venezuela resuelve que el hecho del 25 de septiembre y los individuos que lo ejecutaron merecían elogios. En la misma oportunidad abogó en el Congreso por la admisión en Venezuela de todos los que hayan sido perseguidos y expulsados por sus opiniones políticas en favor de la libertad. 

Primer Escudo de Armas de la República de Venezuela puesto en vigencia el 14 de octubre de 1830. El diseño original se encuentra en el Archivo General de la Nación, Sección Secretaria del Interior y Justicia.

            En 1831 fue elegido rector de la Universidad Central de Venezuela. Posteriormente  1832 fue nombrado secretario de Interior y Justicia. Y entre 1833 y 1837 fue vicepresidente de la República y, con ese carácter, ocupó interinamente la Presidencia de Venezuela en 1835, cuando el general en jefe José Antonio Páez concluyó su período presidencial. Cuando estalló en julio de ese año la Revolución de las Reformas, Narvarte fue depuesto junto con el presidente Vargas y enviado con él al exilio en la isla de Saint Thomas, de la cual regresaron ambos pocos meses después a ocupar sus respectivos cargos. El 24 de abril de 1836 se encarga nuevamente de la primera magistratura de la República, esta vez por renuncia del titular José María Vargas. Lo reemplaza, el 20 de enero de 1837, el general José María Carreño. 

Firma de Andrés Narvarte

           En 1842 era vicepresidente del Consejo de Gobierno, cuando, en mayo, se encargó de la Presidencia de la República, debido a que el titular, el general Páez, hubo de trasladarse a sus posesiones agrícolas. Correspondió a Narvarte por hallarse ausentes el vicepresidente de la República, Santos Michelena y el presidente del Consejo de Gobierno, Ángel Quintero. Aun cuando fue de corta duración este mandato, Narvarte expidió 2 decretos significativos: con uno establecía un impuesto a la destilación del aguardiente, y con el otro destinaba 160.000 pesos para apertura y mejoras de vías de comunicación. A raíz de los acontecimientos de 1848 se retiró a la vida privada. Muere en Caracas el 31 de marzo de 1853.

Artículo Editado por: Whylmhar Daboín

DESCUBREN SEÍS SITIOS ARQUEOLÓGICOS SUBACUATICOS EN ISLAS DE AVES

Seis nuevos sitios arqueológicos subacuáticos fueron hallados en la isla Las Aves luego que una misión científica, organizadas por el Instituto del Patrimonio Cultural en el marco de su proyecto Arqueología Profesional Subacuática en la Venezuela Azul, se dedicara diez días enteros a realizar una prospección arqueológica no invasiva de esa zona.
Ancla decubierta en Isla de Aves

Ciertos antecedentes históricos y alguna documentación existente en el Archivo General de la Nación indicaban que al menos tres pecios, ubicados cronológicamente entre finales del siglo XVIII y el XIX, existían y la misión realizada fue verificar esta existencia.

Roger Arrazcaeta, arqueólogo cubano, Michael Tinguely submarinista de la CEMAS Suiza y Luis Delgado, submarinista y Apneísta de Andy Internacional, junto a personal de la Dirección Nacional de Hidrografía y Navegación de la Armada, fueron los encargados de realizar una prospección sistemática en determinadas áreas de la isla.

Arrazcaeta explicó que en el primer sitio arqueológico localizado se encontraron cuantiosos elementos de lo que podía ser una embarcación del siglo XVIII. Destacan la presencia de distintos clavos de bronce y tachuelas que pudieran estar relacionadas con el forro de cobre que tenía la posible nave, la cual puso haberse quedado varada en el sitio hasta hundirse.

“Al ser estos clavos y tachuelas de cobre es un indicativo cronológico-arqueológico que se trata de una nave del siglo XVIII o del XIX, pues cuando son chapas de plomo son de épocas anteriores. También se encontraron dos anclas, fragmentos metálicos de hierro y gran cantidad de Lastres (sobrepeso, generalmente de rocas ígneas de río o metamórficas, colocados a las naves para lograr una estabilidad en la estructura de navegación) lo cual puede indicar que debajo de este lastre puede encontrarse el casco del barco allí hundido” señaló Arrazcaeta.

Registro e investigación de los restos recuperados


En el segundo sitio se hallaron dos anclas con cepo de madera y también restos de lastres, mientras que en el tercero se encontraron una cantidad importante de restos fragmentados de cerámicas, usados en la época colonial para el traslado de aceite, vino, aceitunas y granos.

“Este tipo de cerámica colonial es la más abundante en el nuevo mundo, eran utilizadas para trasladar productos desde el sur de España hacia América y también como contenedores de agua. Allí encontramos jarras de estilo medio (1560-1800) y estilo tardío (1800-1900) lo que demuestra presencia de distintos naufragios en el lugar” prosiguió Arrazcaeta.

Uno de los sitios localizados y que resultó de gran importancia fue el cuarto. Se hallaron elementos metálicos vinculados con alguna embarcación que combinaba la estructura entre hierro y madera. También se localizó un Ancla del Almirantazgo (tipología construida a finales del XVIII) en buen estado de conservación. Esta es una pieza singular utilizada durante el siglo XVIII y XIX, son pocas las que existen en el mundo. Otras estructuras de metal como poleas y estructuras del casco de una posible nave también aparecieron en este lugar.
Hallazgo inuasual de un ancla del Almintazgo, una de las pocas que existen en el mundo

“Estamos evaluamos si es de una embarcación del siglo XIX que puede estar vinculada a un momento histórico de la isla cuando en 1854 dos compañías norteamericanas estuvieron explotando el Guano (material formado del excremento de las aves costeras, valioso porque se le aplica en los fertilizantes y explosivos) en el lugar” explicó el arqueólogo cubano.

En el quinto sitio existen elementos mucho más antiguos como cañones y un ancla que parecen corresponder tipológicamente a un naufragio del siglo XVII o quizás anterior. Arrazcaeta señaló que son “hallazgos cuya cronología y reconstrucción histórica debemos trabajar en el futuro”. Por último, en el sexto sitio se evidenció existencia de anclas y otros elementos metálicos.

Este es el segundo viaje que el IPC hace a La Aves, en el 2010 se efectuó una visita con una prospección arqueológica no invasiva y fue el primer trabajo arqueológico profesional subacuático en el país, pero en esta ocasión fue más provechosos a nivel de hallazgos.

Francisco Catalano, jefe de la Oficina de Prospección arqueológica del IPC, explica que son “básicamente tres objetivos que se persiguen en esta investigación que son: registrar, conocer y proteger los sitios arqueológicos subacuáticos de Venezuela, pues las áreas subacuáticas son espacios que conforman más de un tercio del país. Las Aves, al ser limítrofe, es de interés estratégicos para la nación a nivel de soberanía” aseguró.
Ubicación de restos arqueológicos subacuáticos

Por su parte, el arqueólogo Arrazcaeta reconoció que lo hallado “es un patrimonio importante para Venezuela, porque hasta el momento no se había trabajado sistemáticamente, ni con un criterio científico, este patrimonio que tiene importancia histórica para el país por cuanto reconstruye la historia naval y está vinculado al comercio que existió en la época colonial. El pueblo venezolano debe hacer suyo este patrimonio, localizarlo, estudiarlo y divulgarlo”.

Agregó que “es una investigación que viene a contribuir con los esfuerzos mundiales de preservación y conservación de la arqueológica subacuática. Este tipo de patrimonio ha sido expoliado durante muchos años por buscadores de tesoros que indiscriminadamente han hecho un comercio ilícito y han destruido muchos sitios”.

En este sentido, Michael Tinguely, buzo profesional, admitió que fue una “experiencia fabulosa, es un mundo totalmente diferente lo que se empieza a descubrir en materia arqueológica, en la investigación de lo patrimonial”.

La visita también fue oportuna para realizar conferencias con los miembros de la base militar de la Armada Bolivariana que se encuentra en la isla. “Fueron conferencias integrales que incluyeron no sólo todo la información arqueológica que estábamos haciendo en esta misión científica sino también algunos estudios de los corales del lugar”.

Según la Gaceta 5.299 publicada el 29 enero del 1999 “se declara Bien de Interés Cultural de la Nación todos los bienes muebles o inmuebles de cualquier época, producidos o modificados por el hombre, existentes en el Mar Territorial, en la Plataforma Continental...” Por tanto, este sitio ya ostenta la declaratoria considerando que son “testimonios materiales de actividades humanas y por lo tanto bienes arqueológicos de valor histórico y cultural para la nación”.
Clavos de bronce, vinculados al forro de la nave descubierta

La isla las Aves es un lugar estratégico del territorio nacional, posee una gran plataforma de territorio marino lo que le otorga al país una gran connotación de soberanía. Se ubica más cerca de las islas de República Dominicana y Guadalupe. Su nombre se adjudica a que es lugar para la reproducción y asentamiento de aves.

ARMANDO REVERÓN



Armando Julio Reverón nació en Caracas el 10 de mayo de 1889, en el seno de una familia acomodada, hijo de Julio Reverón y Dolores Travieso Montilla. Creció en un hogar sin grandes afectos y lleno de problemas familiares. La incompatibilidad de caracteres de sus padres y tras el fracaso del matrimonio, el pequeño Armando es llevado a vivir a Valencia en casa de una familia canaria amiga, los Rodríguez-Zucca, que lo reciben y forman en los primeros años de su vida: En Valencia cursa la primaria con los padres salesianos y  da sus primeros pasos en la pintura de la mano de un hermano de su madre, el pintor Ricardo Montilla, quién con sus enseñanzas reafirma la vocación artística del muchacho. Bajo el cuidado de los Rodríguez-Zucca, Reverón establece una estrecha relación con Josefina, hija de la pareja, a quién aprecia como una verdadera hermana. Las paredes de la casa eran algunos de los primeros lienzos de Reverón, donde éste intentaba retratar a la sirvienta de la familia, Juanita Carrizales. Esta familia le contaba a doña Dolores sobre el temperamento “triste, melancólico” de su hijo Armando. Entre los 12 y 13 años de edad sufre de tifus, lo que para muchos lo afectaría psíquicamente para toda su vida, así como los trastornos que había sufrido dentro de su núcleo familiar, todo ello influiría notablemente tiempo después en su espíritu. Reverón Permaneció en Valencia hasta los 15 años.

A su regreso a Caracas en 1904, Reveros junto a su madre,  se muda a la casona donde nació Francisco de Miranda, convertida en pensión, y allí conoce al joven pintor César Prieto, quien lo convence de inscribirse en la Academia Nacional de Bellas Artes, dirigida para entonces por Emilio Mauri, y recibiendo clases de Antonio Herrera Toro, Pedro Zerpa y el mismo Mauri. Hay quienes comentan que fue su tío Ricardo quien lo inscribió en la academia. Durante este período Reverón viajaba de visita a Valencia, se reunía con Josefina Rodríguez-Zucca, su hermana espiritual, con quien compartía sus obsesiones y sus inquietudes. En "Dama Tejiendo", la pinta en el jardín de la casa a la sombra de un níspero. Ese tiempo se caracteriza por la transición que experimentaba la pintura venezolana. El impresionismo, muy en boga en Europa, y empezaba a influir las tendencias pictóricas venezolanas. Reverón tuvo también su período impresionista, pero sólo fue un puente hasta encontrar su propia expresión.

En 1910, instalado con su madre en una pensión ubicada entre las esquinas de Torres a Matrices, disfruta de las ventas de frutas y legumbres, le apasiona la plaza del mercado, nacen sus naturalezas muertas. Al año siguiente 1911, se presenta a un Concurso de Pintura en donde obtiene la calificación de sobresaliente. A consecuencia de este éxito, organiza su primera exposición en la Escuela de Música y Declamación  donde inicia su consagración como pintor. Su rendimiento en la Academia Nacional de Bellas Artes le merece la postulación de los profesores para una pensión de estudios en Europa. Su madre le ayuda a costear el viaje a Barcelona, España,  donde ingresa a la Escuela de Artes y Oficios y Bellas Artes, allí ya se encontraba su amigo Rafael Monasterios desde hacía un año. En el país ibérico recibe clases de colorido de Vicente Borrás Avella y Clemens le enseña dibujo. 

Después de un año de estudios a finales de 1912, regresa a Caracas, según se cuenta sin dinero. Pinta el retrato de Enrique Planchar. La influencia recibida durante el año que estuvo en España le hace mucho bien. Asimila las técnicas imperantes en el viejo mundo y se convierte en un profundo admirador de los artistas españoles de la época. Al poco tiempo viaja nuevamente a España e ingresa a la Academia de Bellas Artes San Fernando de Madrid, participando en los cursos de Antonio Muñoz Degrein y José Moreno Carbonero, extravagante pintor maestro de Dalí. Durante su estadía en España recibió una invitación para ir a París, en donde permaneció una breve temporada. Acogido por Fournier y la esposa de éste, Clotilde Pietro de Daudat, Reverón rechaza las obras de los creadores que están boga en la ciudad. No despiertan interés en él los trabajos de artistas como Cézanne. Picasso, Chagal o Modigliani. "O me mandan a buscar o me tiro al Sena", escribe Armando a su madre

A principios del siglo el panorama pictórico español estaba dominado por un grupo de artistas que se rebelaban contra la pintura académica. Reverón fue partícipe de esta inquietud, que reveló tiempo después en algunas de sus obras. Estudió las obras de Goya, el Greco y Zurbarán, este último tuvo ascendiente en algunas de sus obras.  También se interesó por las obras de Velázquez. 

La vida privada del artista estuvo estrechamente ligada a su obra. De carácter variado, a veces hermético a veces comunicativo, tenía tendencia a caer en estados melancólicos. Desde muy joven sufrió perturbaciones mentales que alteró, en algunas épocas, la continuidad de su producción. Su médico psiquiatra - el Dr. J. M. Báez Finol- dijo de él: "Reverón siempre fue un esquizofrénico". Consideraba que la fiebre tifoidea que el artista padeció en Valencia y la muerte de su madre, acaecida en 1943, fueron los episodios más determinantes de su perturbación mental.

En sus primeros lienzos se nota una marcada predilección por los ambientes de misterio y fantasía atribuidos al contacto con Goya y Zuloaga.

Luego de su regreso a Caracas, en 1915 su pintura adquiere un carácter sombrío con tonalidades fuertes y oscuras. Conoce a Samys Mutzner, un pintor impresionista rumano de modestas cualidades que ejerce cierta influencia en su trabajo. Residenciado en la casa de su tía Pepita Reverón de Martínez Zozaya, se hace asiduo visitante del Círculo de Bellas Artes, fundado en 1912 por sus compañeros de la academia caraqueña, quienes a pesar de su anterior ausencia siguen considerándolo uno de ellos. Es el centro de atención de escritores y pintores, asombrados por su conocimiento de la obra de Lope de Vega, Calderón de la Barca y de todo el movimiento literario del Siglo de Oro español.

En el año de 1917 muere su hermana de crianza Josefina Rodríguez-Zucca. Hundido en una gran depresión, Reverón se refugia junto a su madre en una casa en las esquinas de Pilita a Mamey. Conoce al pintor ruso Nicolás Ferdinandov, con quién vivió brevemente en Punta de Mulatos, brindándole consejos que determinarían su futuro: conseguirse algo de dinero, comprar una vivienda que le permitiera aislarse y compartir su vida con una mujer humilde. Reverón pinta los primeros paisajes que definirían su período azul.

Taller de la Corporación del Puerto
 Al finalizar 1917, Reverón se establece en La Guaira en el local del Colegio "Santos Michelena". Se ganaba la vida dando clases particulares. Alfredo Boulton, en su libro "La Obra de Armando Reverón", dice: "Era un hombre quieto, más bien taciturno y hermético, con cierta dificultad de expresión; de poca sociabilidad. Durante el tiempo que estuvo en La Guaira hizo apuntes al carboncillo y fue poca su obra al óleo".
El impresionismo se hace notorio en su época azul o puntillista, que es cuando empieza a desaparecer la influencia española. Se ha llamado época azul por ser este color el predominante en sus lienzos. Se puede decir que este periodo comenzó, más o menos, en 1919 y terminó en 1923.

El período azul fue el más breve de todos. La obra predominante es "la Cueva". De esta etapa podemos mencionar: "Figura bajo un uvero", "La Trinitaria" y "Fiesta en Caraballeda".

En 1918 conoció a Juanita Ríos, quien fue su modelo, su compañera y luego su esposa. Muchos de los desnudos, pintados en Macuto, fueron hechos a Juanita.
Juanita y Armando
 En 1920 Reverón expone en los salones de la antigua Universidad Central de Venezuela, doce óleos que muestran sus primeros temas sobre Macuto, comparten espacios con los trabajos de Federico Brandt, Rafael Monasterios y del carismático Ferdinandov, quien aseguraba que Reverón era el dios de los pintores. Un año después aparece "Paisaje de Macuto", un cuadro en el que el Armando Reverón comienza a mostrar un estilo propio, desprendiéndose de sus influencias.
La Cueva
 Luego de varias mudanzas dirigidas por su deseo de aislarse, el artista compra para 1921 un terreno al costado del río El Cojo en el litoral, donde se instala e inicia la construcción de la vivienda que lo alojaría durante los siguientes 33 años, hasta su muerte. Con el paso del tiempo, los lugareños bautizan la casa de Reverón como El Castillete. 

El Catillete de Reverón

Continuando su búsqueda y definiendo su estilo propio el artista retira colores de su paleta. Pinta "Los uveros azules" y "La Trinitaria". Es el periodo en que una nueva interpretación de la luz se hace presente. Construyó su rústica vivienda a la sombra de los cocotales, los almendros y las uvas de la playa. Al trasladarse a Macuto su vida cambió. Estuvo lleno de excentricidades, reflejo de su personalidad cada vez más esquizofrénica Se dedicó a una serie de experimentos con la luz tropical. A tal punto, que llegó un momento en que eliminó toda clase de colorido, conservando tan sólo para sus armonías el sepia de sus lienzos de tela basta y el blanco.

La teoría que desarrolló del complicado problema visual en relación al color y a la luz, fue revolucionaria, no sólo en el ámbito nacional, sino mundial. Estudió a fondo el fenómeno cromático, llegando a la conclusión que sólo la luz valía.
El joven Reverón
 En 1923 es víctima de una depresión cuando su amigo Ferdinandov decide marcharse a Curazao. Reverón vive una difícil situación económica, que apenas puede superar con una modesta ayuda de su madre.

Hacia 1924 nace lo que se considera como su época blanca. Reverón pinta "Fiesta en Caraballeda", una obra en la que el lienzo brinda su palidez como recurso plástico. "Playa con figura de mujer" consolida la expresividad del período. Su precaria situación económica no le permite usar el tren para viajar de La Guaira a Caracas, camina el trayecto cada vez que necesita viajar a la capital, lo que le produce llagas en las plantas de sus pies. Brotan gusanos en uno de ellos. De 1923 a 1924 fue un período de transición en su trabajo Pictórico. 
Fiesta en Caraballeda
 A partir 1925 se inicia su época blanca que fue de gran aporte a la pintura mundial. Es el más importante y característico de su producción, y en el cual evolucionó totalmente la teoría del valor de la Luz Tropical y aportó un nuevo concepto de la acción alteradora que ejerce en los colores la intensidad luminosa. Este período es explicado por A. Boulton, como sigue: "búsqueda de una nueva síntesis que correspondía a planteamientos muy concretos sobre la fuerza y el valor expresivo de la Luz. Este periodo se vio caracterizado por el sometimiento de las formas, los volúmenes y los colores, al color blanco". "Oleaje" y "Playa de Macuto" son las únicas obras que se le conocen en el año 1926. 
Cocoteros en la Playa
 El siguiente año pinta "Juanita", el primer óleo en el que retrata a su fiel acompañante. Con "Luz tras mi enramada", Reverón lleva a los límites su delirio de la luz. A pesar de ello el artista vende obras importantes a precios muy bajos para saldar una deuda de 2.500 bolívares que mantenía con la pulpería Las quince letras, embargada a su amigo Fausto Duarte.

Reverón y sus Muñecas
Desde 1929 su pintura se hace más densa y directa adquiriendo un sello personal. A principios de la década de los años 30, aislado y a la caza de la luz, surgen sus primeros autorretratos.  El periodo blanco concluye hacía 1934 – 1935.
Mujer con Mantilla

El Playón
En 1936 se inicia su época sepia en el cual utilizaba el propio color sepia o marrón de la tela de coleto en su estado casi virgen, que obtenía con otros materiales de desecho que recupera del puerto de La Guaira. Al igual que crea sus muñecas para que ocupen el lugar de modelos que ya no puede pagar. Aparecen, aquí, varias gamas de tierras y su producción adquiere importancia por la manera de aplicar la pasta. Muy representativo de esta época es su cuadro "Cocoteros". Usaba con frecuencia los tonos amarillos, anaranjados y ocres, como se aprecia en sus desnudos. El periodo sepia dio una nueva dimensión al paisaje del Litoral. Eliminó, por completo, los azules de las sombras. Este periodo, el más largo de todos, termina en 1949. Los años de este periodo marcan cierta preferencia por la figura humana. Estas tonalidades le acompañan hasta sus últimas obras. Los cuadros de esta época tienen gran vigor y seguridad.

Trazando La obra


Alfredo Boulton, que lo conoció, cuenta en su libro, que Armando Reverón tenía una manera muy especial de pintar. "Gesticulaba con movimientos rápidos, nerviosos, impulsivos". Su cuerpo entero mantenía el ritmo de sus rápidos pensamientos y sugerencias. "Envestía el lienzo como ante la presencia de un toro. Apretaba fuertemente su cintura y tapaba sus oídos para aislarse del ruido exterior. Pintaba desnudo de la cintura hacia arriba".

La técnica del empaste en la obra de Reverón es un proceso que merece párrafo aparte. Pasó por diferentes etapas. Antes de 1934 utilizó dos maneras muy diferentes de empastes. La primera se caracterizó por su espesor y por un trazado pequeño, nervioso, agresivo. Del empaste diluido de "Marina", pasó al toque puntillista de "figura bajo un Uvero". A partir de 1934 su pincelada adquirió un sentido especial. Después de 1940 sus pincelas fueron más directos, incisivas. "Después de la década del 40, dice Boulton, su rasgo se hizo más rudo. Esto se debió, acaso a la sequedad que el artista le daba a la materia colorante, hasta el punto de llegar a perder totalmente su jugosidad plástica, la cual le condujo, casi fatalmente, a utilizar en sus últimas tiempos tizas, carboncillos y pasteles".

Cerca de su Castillete, Reverón construye un rancho para alojar a su madre, anciana y enferma. Juanita se encarga de los cuidados de doña dolores, la cual fallece el 2 de enero de 1942, acabando así las migrañas que la afectaron durante toda su vida. Este hecho hace que el artista se sumerge en un profundo dolor y sufre un desequilibrio mental. Es atendido por el doctor J.A. Báez Finol. Dos meses después se recupera y vuelve a pintar; sin embargo, se aleja de los paisajes y la temática de sus cuadros recrea el mundo mágico en el que se refugia. Así comienza la etapa que lo consagraría como un verdadero precursor, si no el primer exponente, del expresionismo en estas latitudes.

En 1945 es internado nuevamente en el Sanatorio del Dr. Báez. Estuvo inactivo cerco de dos años. Del Sanatorio regresa a Macuto y entra ya en la etapa final de su producción. 
Cruz de Mayo

En 1949 Utiliza tizas y lápices de colores.  Con la ayuda de Alejandro Otero, expone en el Taller Libre de Arte, y otra exposición de su período blanco es presentada en el Ateneo de Caracas.

Pintando en la playa
 En 1951 se presenta su tercera exposición individual de sus obras en el Hogar Americano. En 1952 su estado mental es inquietante. Su producción baja y su calidad artística empieza a resentirse.

En 1953 Armando Reverón recibe el Premio Nacional de Pintura en el Salón Oficial Anual de Arte Venezolano. Más los premios "Federico Brandt" y "Jhon Boulton". 

Ese mismo año se refugia en El Castillete, retraído, solitario ante los ojos de la gente, siempre acompañado por sus muñecas y por un incondicional oyente, de luz y aire, que lo acompaña en sus recorridos por la playa.


Reverón absorto en sus pensamientos

El mismo año es internado, ya definitivamente, en el Sanatorio San Jorge, en donde muere de una embolia cerebral el 18 de septiembre de 1954. 
El cortejo fúnebre sale del Museo de Bellas Artes,
hacia el Cementerio General del Sur.
19 de septiembre de 1954.

 Al año siguiente de su muerte se organiza una exposición retrospectiva de su obra en el Museo de Bellos Artes. Fue una muestra de 399 obras realizadas entre los años 1910 y 1954. Una selección, realizada de estas obras, se llevó a Estados Unidos. Fueron 55 obras que se presentaron en el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston en diciembre de 1955 y que se clausuró en octubre de 1956 en la Galería de Arte Corcoran de Washington. En 1960 se instituye la Bienal "Armando Reverón".

 Durante los ocho meses que pasó en el Sanatorio, antes de morir, su sensibilidad no le abandonó. Hasta el momento de su muerte gozó de pleno dominio de sus facultades artísticas. Doce fueron los cuadros que realizó en el Sanatorio. Sus modelos eran los propios enfermos, las enfermeras o los jardines del hospital. Uno de sus últimos cuadros, que pertenece al Museo de Bellas Artes se llamó "Paisaje".
Paisaje
  Armando Reverón no dejó escuela ni seguidores. Su estilo se alejó siempre de la rutina, del conformismo. Creó la expresión. Era personalista hasta en el modo de utilizar el pincel. El problema luz-color fue vital en su vida. Su dibujo es recio y sólido. Su obra es variada en calidad; de gran sinfonía plástica en cada período, alcanzando siempre una alta creatividad. 

La pintura de Reverón es realista, intensa. Nunca tuvo contrastes estridentes. En sus cuadros se encuentra mesura en el color y armonía fría.

Reverón marcó una época. No sólo en vida fue personalista, sino que, después de muerto, lo ha seguido siendo. El hecho de no dejar seguidores, le imprime una condición especial a su obra. Su estilo fue único y seguirá intacto a través de la historia de la Pintura Venezolana.

El día de su nacimiento, fue declarado como el DÍA DEL ARTISTA PLÁSTICO.

Producto del deslave del año 1999,el Castillete de Armando Reverón sufrió severamente, quedando unos pocos restos, en la actualidad se debate si se realiza una réplica del  Castillete o una plaza, siendo objetivo lo recomendable sería una réplica, ya qu las próximas generaciones vivenciarían sus espacios, recreando en sus mentes la visión de Reverón en la morada donde produjo su magna obra.


Documental Armando Reverón 1ra. parte


Documental Armando Reverón 2da. parte


                                                           Armando Reverón en 1934



                                                                    Autoretrato 1953


Artículo Editado por Whylmhar Daboín

Asesor de contenido: Abílio De Oliveira