ELOY ESCOBAR


Eloy Escobar,
Litografia de 1892, El Cojo Ilustrado

            Tomando como referencia un artículo de  Julio Calcaño publicado en 1892, el poeta dramaturgo y periodista Eloy escobar, nace el 3 de enero de 1824 en la Ciudad Histórica La Guaira, siendo su padre don Esteban Escobar, rico y prospero comerciante de dicha ciudad portuaria, y amigo personal de Simón Bolívar desde su infancia, y su madre era doña Carmen Vasallo de Escobar, pertenecientes ambos a distinguidas familias de Caracas.

            No obstante la educación que le dieron, esmerada y vasta, sin embargo no fue completa como deseaban a causa de la precaria salud con que vino al mundo. Enfermizo, pálido y delgado, bastaba verle para adivinar los tormentos a que le sometía su temperamento débil y nervioso. Parecía un niño, aprehensivo y candoroso, lleno de temores, de cavilaciones y tristezas, que ni la hartura del bienestar modificó en su juventud, ni atenuaron  nunca los aplausos de las multitudes, ni el amor y respeto del que le rodeaban sus amigos.
La Ciudad Histórica de La Guaira que conoció Eloy Escobar, mediados del siglo XIX
Sus padres lo enviaron a viajar por Europa desde temprana edad,  y viajó largo tiempo con escaso alivio de sus dolencias. En España dio a conocer sus facultades poéticas y adquirió valiosas relaciones literarias.
            Cuando regreso a Venezuela, era ya un perfecto hombre de letras, si bien continuaba, como en sus primeros años, el camino puramente romántico emprendido por Maitin y Lozano, siguiendo la tendencia de Zorrilla. Pasado un tiempo, Eloy Escobar se  entusiasmó con la poesía de Fray Luis de León, y en el estudio de este poeta y demás clásicos españoles, comprendió la importancia que la belleza y la perfección de la forma tiene en las obras de arte, y rindiendo culto a aquellas galas, batió libremente sus alas y llegó a alcanzar envidiable nombradía, como es la de ser mayor poeta elegíaco de América española.

Clásico en la forma y un tanto romántico en el fondo, tal se nos muestra el genio de Eloy Escobar en el período de su madurez, período al cual pertenecen sus silvas, sonetos y liras, hojas imperecederas de su corona de gloria.

            Idealista, porque estaba en ello su temperamento y porque comprendía que sin el idealismo el arte no existiría o no merecería ser llamado así, su musa se veía siempre arrastrada al lirismo, y este impulso irresistible del numen perjudicó en alto grado, el excelente drama titulado Nicolás Rienzi.

            Dice Julio Calcaño “Confieso ingenuamente que no me agrada ni la “Historia de una Niña” ni el “Viaje fantástico”, pero declaro asimismo que no sé quien haya escrito, del uno al otro extremo de la América española, liras tan magistrales como las intituladas “Al duelo de Andalucía”, ni elegías tan sentimentales y preciosas como “El Castillo derruido”, y otras mas”.

            Aquella amargura, aquel desencanto de la vida, aquella copa llena de lágrimas, no provienen solo de sus ya indicadas dolencias físicas que le habían tornado melancólico y sombrío, sino también de los golpes con que el destino quiso probar su fortaleza.

            Eloy amó con amor entrañable, y puso en la mujer amada todas sus esperanzas de felicidad. Casó con ella, Dios le dio hijos, mas andando los tiempos, la ruina tocó a las puertas de su hogar, y tras la ruina entrose la muerte arrebatándole el hijo más amado y a la mujer santa que era su orgullo y su vida. La mella que aquellas desgracias hicieron en su naturaleza fue profunda; y desde entonces, aunque consagrado al comercio y a las letras, que pudieron haberle distraído un tanto, más que quejumbrosas y desesperantes.

             Julio Calcaño dice  que “por eso es por lo que su poesía en sus últimos años refleja la soledad de las tumbas y parece remedar el murmullo del ciprés.”

            “Bien hubiera él querido reír con la alegría de las castañuelas, pero en su pecho no había más que una profunda desolación; y en 1889, cuando la Academia de la Lengua, de acuerdo con él, esperaba la mejoría de sus males para recibirle en su seno, Dios le llamó a sí, compadecido de vida tan infortunada, o en apremio de las grandes virtudes, de la caridad y el amor que vivían encendidos en su noble alma”.


             José Martí al enterarse de la muerte de Eloy Escobar, escribió lo siguiente desde Nueva york en febrero de 1888:

“Cansado, acaso, de hacer bien, ha muerto en Venezuela Eloy Escobar, poeta y prosador eximio y tipo perfecto del caballero americano. Hasta el modo  de andar revelaba en él benevolencia e hidalga, porque iba como quien no quiere ser visto, ni tropezar con nadie, y junto al poderoso pasaba como si nadie lo viese, no junto al infeliz, para quien salía a pedir prestado. Se entra en sus paseos de mañana por las casas amigas, llevando a todos rosas con sus palabra, que parecía ramilletes de ellas, y luz con alma ingenua, que acendra en la desdicha su perfume; era como una limpia  vela latina, que el fulgor del sol, cuando parece el cielo acero azul, va recalando en la ensenadas de la costa. Aunque hombre de muchos años, tuvo razón para poner cierto afán en esconderlos, porque en realidad no los tenía. Era esbelto y enjuto de pies y manos finas; y vestir siempre humilde; los espejuelos de oro, no deslucían la mirada amorosa y profunda de sus ojos pequeños; ostentaba su rostro aquella superior nobleza y espiritual beldad de quien no empañaba la inteligencia con el olvido de la virtud, que se venga de quienes la desdeñan negando al rostro la luz  que en vano envidia la inteligencia puesta al servicio del poder impuro.

           Era pálido, como su alma:
Musa mía de mi alma
que en mi alma vives,
tú sabes que yo te amo
porque eres triste;
porque tu lira
tiene todas las cuerdas
de la elegía.
Le caía sobre el pecho la barba.

            Fue en aquellos hombres excelsos a quienes el nacer en condición favorecida no estorba a conocer el derecho del humilde; ni la mente postiza, que la cultura rudimentaria y falsa de las universidades y lejos de la historia echan en los pueblos de Hispano América sobre la mente natural, pudo entibiar nunca en aquel hijo de una casa ilustre el sano amor a la naturaleza, que le revelaba el secreto del heroísmo americano, sin buscarlo en Gonzalos o en Cides, y le guió a estudiar de preferencia aquellos griegos que, más que los latinos, la conocieron y cantaron, y aquel Luis de León, que, por lo ingenuo del sentido y la forma, le parecía maestro cabal, de quien los ven poco tiene  a Escobar por mero imitador, cuando lo que  quería el enamorado de la poesía nueva de América como de la gracia libre antigua, era “promover una feliz y concertada unión entre la literatura erudita española y la nuestra, tan desmayada de aquel vigor olímpico, y escasa también de los giros de una sintaxis mas flexible y fuerte, y de tantos nobles vocablos que ya damos por seniles inconsultamente, y modos y frases adverbiales, y partículas que, como blanco aljófar, esmaltan la elocución poética de los príncipes del parnaso español, y tantas bellezas, en fin, y figuras y galas retóricas preciosas. Así es como pudo decir, celebrando en la lira de Fray Luis la nóvela india Anaida, de José ramón Yepes:

Y vuelta a la memoria
de la presente edad, el ultrajado
Inca de infausta historia,
El cacique esforzado
y el dolor de aquel pueblo aún no llorado.

La gracia, el infortunio y la virtud eran sus musas; y su don especial el de ver la elegancia del dolor, acaso porque llevaba el suyo como lleva el caballero de raza el guante blanco. De las flores, la violeta y la adelfa; del día, el crepúsculo; de las fiestas, la mañana de las pascuas; de los  sucesos del mundo, jamás canta al amigo encumbrado, sino al que muere, ni al que llega, sino al que s e despide; va por las calles siguiendo con el alma ansiosa la nube que se deshace o el ave que desaparece, y encuentra siempre modo nuevo, y como fragante, de comparar la pena humana a la naturaleza, y sacar de ella el consuelo. Anticuaba sus giros de propósito; pero esto era como artística protesta contra el dialecto becqueriano que se ha puesto de moda entre los  poetas, o contra ese pampanoso estilo de la prosa heroica y altisonante que en nuestra tierras, so pretexto de odas y de silvas, ha llegado a reemplazar aquel candor, esencia y música, breves por su misma excelsitud, que son las dotes de la legítima poesía. El quería labrar ánforas de oro para guardar el aroma del amor, veteado de sangre como los jancitos, y la gota del roció, la de llanto. No rehuía la pompa; pero había de ser esa que trae como ornamento propio la grandeza, y se trabaja años para que pueda durar siglos. Es  su poesía como mesa de roble, de aquellas macizas u sonoras de la vieja hechura, donde se hubiesen reunido, por capricho del azar, una espada de 1810, un abanico de concha y oro con el país de seda y un vaso de flores.

No era de los que, deslumbrados por la apariencia multiforme de la sabiduría moderna, acaparan sin orden y de prisa conocimientos de mucha copa y escasa raíz, con lo que por su peso excesivo se viene a tierra, como esos árboles de pega que suelen clavar en las calles de los pueblos los días de fiestas  públicas, para que parezca alamedas lo que no tiene álamos; antes era Escobar de los dichosos que entienden que sabe más que todo el mundo el que percibe su belleza y armonía moral que el que conoce el modo de aparecer, lidiar y sobrevivir de las criaturas que lo habitan. Ni era de esos literatos de índice y revista, muy capaces de  refreír en sartén lustrosos materiales ajenos, pero menos conocedores de la belleza verdadera, y menos dispuestos para gozarla que los que, como Escobar, estudiaron literatura con maestros depurados en el griego y el latín, no para copiar, como los que calcan un dibujo, sus imágenes, ordenes y giros, sino para aprender, como con lo griego se aprende, que solo en la verdad, directamente observada y sentida, halla médula el escritor e inspiración el poeta.


 Así se iba él, recordando y soñando, por aquel valle real, más bello que los de Claudio de Lorena, en que levanta, a la falda de El Ávila azulado, su pintoresco caserío Caracas: o “de codos en el puente”, como Milanes, pasaba horas mirando a las hondas barrancas del Anauco juguetón, que corretea por entre la ciudad vestido de flores, como un pastor travieso; o engañaba los domingos en paseos amables por las cercanías, recordando, del abrazo de un amigo, las hazañas de Páez, o los discursos de aquel otro llanero Sotillo, que no sabía hablar del pueblo sino a caballo y con lanza, o los  días de oro en que su amiga Elena Hahn,  como aquella maga que sacaba flor con su mirada al ramo seco, reunía a sus  pies el ingenio, el valor y la poesía, de cuyas fiestas y certámenes hablaba Escobar con la ternura con que el amante respetuoso alza del fondo del cofre de sándalo el ramo de violetas secas. Y fue lo singular que en aquella alma fina, tan mansa en la  ternura como magnifica en la indignación, residía por igual, como en todo hombre verdaderamente superior, la poesía y el juicio, y la misma florida imaginación que compuso cuadros magistrales en la Elegía a Vargas, o en la “Lira” al caballero Carlos Madriz, adivinaba con tal viveza los móviles de los hombres y el poder del interés en sus actos, que en el oficio de corredor a que lo llevo la fortuna no había quien combinase una proporción de remate de la deuda con mas habilidad, ni comprador más cauto o consejero mas feliz que este insigne poeta.

Pero lo que ganaba en este oficio ¿llegaría a manos de aquellas hijas que eran la corona de su vejez, o se quedaría al paso en las manos de un amigo? En las del amigo solía quedarse, aun cuando no fuese menos la necesidad en la casa propia, donde, sin recordar lo que había dado, se preparaba, dando paseos o recitando versos, a salir vencedor sobre los negociantes de oficio en el remate de la tarde. Y era de ver cómo, cuándo sentía el alma a sus anchas, padecía hasta llorar por las desdichas de sus amigos:  “¿¡ Que en esto se vean estas almas de príncipe!?, “¡Que este hombre, qué es la misma virtud, tenga que empeñar en su tierra el reloj para comer!”, “¿Que somos, sino sombras, los que no hemos tenido miedo a ser honrados?”, “¿Me Habría muerto ya de la tristeza que veo, si no fuera yo como los arboles, que tienen el corazón en el tronco!”, “¡Busco, si, busco, en emociones locas y ligeras, la satisfacción del anhelo mortal de la hermosura y el olvido de las pena pública!”,”¿A tal? Si, conozco a Tal; es como aquellas malezas que son por de fuera todo fragancia y verdor y bajo cuya mentida lozanía, replegándose para saltar sobre el viandante con más fuerza, se esconde la serpiente.” “Cuando entré en las bóvedas (La Guaira) a ver a Heraclio Guardia, me parecía que se pegaban a la frente dos alas de búho.” “¡Vengan, hijas mías, vengan a decir adiós a este huésped que se nos va de nuestra tierra; y denle para que se lleve lo mejor que tengamos!” Y la hija mayor entro en la sal a conmovida, trayendo en las manos una caja de nacer, ¡Así eran ¡Oh Carmen! Los versos de tu padre! ¡Así, pura en la adversidad, fue su alma alegría!.”




Eloy Escobar es un caso único. Como dramaturgo en su obra Nicolas Rienzi (1862) hizo uso moderado del romanticismo, para enaltecer el individualismo del protagonista, comprometido en una acción mesiánica inspirada en un ideal de libertad. Es el primer autor que desarrolla un tema político, al punto de relegar a la subtrama el asunto amoroso. Logra  incluso, cierto rigor histórico que no se distrae en desvaríos románticos, sino que insiste en discutir las posiciones sociales de los personajes. Representó la gesta de Rienzi para unificar Italia en el Siglo XIV y sus enfrentamientos a las grandes familias feudales y a los sectores conservadores de la iglesia. El personaje histórico, de cierta vocación mesiánica, había atraído a la  dramaturga Mary Mitford en 1828 y al novelista romántico ingles Bulwer-Litton en 1835, cuya novela había inspirado a Wagner para su ópera Rienzi (1842). Es posible que Escobar, como comerciante  que hizo varios viajes a Europa, debió conocer esas obras e inspirarse en ellas.

Escobar hizo del pueblo uno de los protagonistas, en particular en el acto IV, y discutió las relaciones sociales en un paisaje social rico con personajes que responden a la tipología romántica, pero sin idealizarlos. Su personaje en un héroe solitario en el teatro venezolano de su época, por su espíritu social individualista que lo impulsa a buscar sin éxito su ideal. El discurso de la obra se consolida por la riqueza social de los personajes: El uso escolástico de as tipologías da fuerza a la acción: villanías, conspiración, amor imposible, etc., Pero sin mayores elucubraciones, porque los rasgos de los protagonistas no traicionan los sucesos de 1347, cuando Rienzi tomó con el pueblo romano la colina del Capitolio

        Ademas del drama Rienzi, Eloy Escobar escribió su reconocido poema satírico “Un viaje Fantástico  y “la Romería de Revilla”, entre muchos otros. Como  Periodista, redactó junto con el Lic. Luis Sanojo en Caracas, un bisemanario llamado “El Toro”, dedicado a recoger las producciones de los intelectuales más distinguidos de 1857.

      El poeta José Martí tenia tanto aprecio a Eloy Escobar que luego de su fallecimiento le dedicó un emotivo poema

A ELOY ESCOBAR


A Orestes
Pílades

No sabe el sol cuando asoma
Cuántas tristezas alumbra;
Ni el amigo cuando pasa
Callado por mi vetusta
Puerta cuánta devorante
Pena recia mi alma enluta,
Ni cuánta del mar revuelto
Viene al labio amarga espuma.

No tiene su querellosa
Flautilla cuando modula
Más que quejas de la tierra,
Memorias del cielo augustas,
Son más tristes que el que mueven
Dentro del ánima turbia
Remembranzas del pasado
Bien que en ruinas se sepulta,
Y la tibia frente orean
Con el aire de las tumbas.

Ni sabe Orestes ingrato
Como a Pílades conturban
De una niña que se queja
Cerca de él, las voces puras,
Cuando las pálidas manos
De las que amantes las buscan,
Temerosa de que el vuelo
Al cielo le estorben, hurta!

Oh! no sabe el excelente
Varón que el solar ilustra
Dónde en el cráter de un mundo
Otro mundo se derrumba,
Cuánto el que a la falda llega
Del monte verde, en penurias
De alma se aflige, y solloza
Con voces de fiera angustia
Que muerde más, por callada,
Y por sola, más asusta,

No de bellaco injuicioso
El triste Pílades cura;
Ni de cabos, ni de condes,
Que el hado resuelto encumbra;
Ni de esas aves viajeras
Que con blanda estrofa arrullan
Cuando al casto sol de gloria
O al vivo sol de fortuna
Cual en torno al mástil suelen
En los mares blancos sulas
Del glorioso o rico entorno
En corte espesa se juntan,
Para volar con los soles
Donde nuevas albas luzcan.
Mas si de Petrus in cunctis
Y de fascinables turbas,
Y de máximos señores
Vivo en venturosa incuria,
No así de la noble estima
Del varón de ánima justa
Que con alta lengua y hechos
El solar nativo ilustra.

Llegue el triste, del más triste
A alegrar la casa oscura:
Llegue con su barba luenga
Y su rica fabla culta,
Que va mansa, cual de oro
Arroyo en cuyas espumas
Rozasen las pintadillas
Alas mariposas fúlgidas.

Suelta den al padre hidalgo
El coro alegre de puras
Hijas que con invisibles
Besos, le cercan y escudan,
Y a su paso atentas vierten
De melancólicas urnas,
Blandas esencias de flores
Que la atmósfera perfuman.

Deje la jaula dorada:
Venga a la de hierro dura:
Entienda las que no salen
A la faz lágrimas turbias:
Bridas tráigase de seda (1)
Con su rica fabla culta,
Que el rebelde tigre embriden
Que en mí clava garra ruda.

Y cuando el zaguán estrecho
Trasponga de la vetusta
Casa que de Dios lo ha sido
Y del Dios que hoy priva y cura,
Y de tristes bardos muertos,
Y bardos, de muerte en busca,
Se abrirán de los naranjos
Del patio añejo en la cúpula
Blancos jazmines, gemelos
De los que adornan mi pluma,
Ora que el alma encamino
Al varón de tierra fúlgida.

COMENTARIOS SOBRE ELOY ESCOBAR Y SU OBRA

- Gonzalo Picón Febres en “Historia de la literatura venezolana del siglo XIX” se expresa de Eloy de este modo: “Don Eloy Escobar fue uno peta elegíaco muy ensalzado por sus contemporáneos, pero completamente anacrónico en su tiempo en fuerza de su fisonomía tristemente arcaica”.

- Felipe Tejera destaca su cualidad de orador con los siguientes párrafos: “Todavía crece la semejanza (se refiere a la de su voz  con los graves del órgano) si la la vez que se le oye se le mira declamar, pues su rostro pálido, y poblado de luenga barba, su aguileña nariz y la delgadez de su cuerpo, son mucha parte para que resalte en la tribuna con no se qué apariencia fantástico-religiosa que infunde admiración y respeto”

          Su elevada inspiración poética está presente en los últimos versos de su Elegía a la  muerte de Arístides Calcaño:
“Que ya su gloria vuela
como un olor de flores por el viento
i  en la onda azul riela
i sube cual celaje al firmamento,
i en esta noche de profundo duelo
como estrella polar brilla en el cielo.”

          Su poema “Adiós” figura en “Las Cien mejores Poesías Líricas Venezolanas” coleccionadas por el sacerdote jesuita Pedro P. Barnola.

          Como  Periodista, redactó junto con el Lic. Luis Sanojo en Caracas, un bisemanario llamado “El Toro”, dedicado a recoger las producciones de los intelectuales más distinguidos d 1857.

   Ademas de su obra para teatro el drama histórico “Rienzi” que figura en un volumen denominado Composiciones Literarias Escogidas en Prosa y Verso (1876) junto con su poema satírico “Un viaje Fantastico”, “la Romeria de Revilla”, y "la História de una Niña  (1875). escribió una inmensa cantidad de poemas en la prensa y revistas de la época, que valdría la pena recopilar y editar nuevamente


Articulo Editado por: Whylmhar Daboín
Asesor de contenido: Abílio De Oliveira Simao



SERGIO MARÍA RECAGNO

Busto de Sergio María Recagno en la Plaza de Los Mestros en Maiquetía

            Nace en la Parroquia Maiquetía el año 1872, era hijo de esteban recagno descendiente de italianos y de Juana Robles de Recagno, respetado matrimonio de  esta región, que le brindaron a este talentoso joven las mejores atenciones y una buena educación, lo cual propició así, el camino noble del magisterio que le permitiría ser guía excepcional para con los alumnos de su escuela.


No se sabe con certeza donde realizó sus estudios Sergio María Recagno, pero posiblemente como era común, estudio en un da las tantas escuelas sin nombre que funcionaron en Maiquetía en el siglo XIX, pero algunos de los que fueron sus alumnos en su escuela, dicen que el señor Manuel Adolfo Mayorca, padre del que fuera Prefecto del Departamento Vargas señor Eduardo Matorca, le había dado clases de Matemática, cuando Recagno era un niño.

Sergio María Recagno fundó su famosa Escuela Vargas el 1 de enero de 1890,  permaneciendo en ella dando clases y haciendo el bien, hasta el día 18 de diciembre de 1921, cuando decidió cerrarla en forma definitiva, al r no estar de acuerdo con la reforma educativa decretada y promovida por el ministerio de educación nacional.

El maestro recagno en su escuela Vargas, había establecido su propio sistema de enseñanza, que le dio excelentes resultados, ya pues todos los muchachos que tuvieron la suerte de cursar en sus aulas, se destacaron de los demás por sus estupenda preparación y amplio conocimiento, que hacían de su sexto grado algo igual a un segundo año de bachillerato de  la actualidad.

El día 1 enero del año  1922, al  mes de cerrar su escuela, recibió un merecido homenaje de su comunidad, el cual consistió en un diploma y una medalla de oro. Esta medalla le fue entregada en Curucuti, donde Sergio María convalecía de una grave dolencia, posiblemente tuberculosis, ya que era para ese sitio donde los médicos  mandaban a temperar a los enfermos de los pulmones en esa época. Para el evento de entregarle la  medalla, nombraron  una comisión de hombres destacados del departamento Vargas, integrada por los distinguidos señores Eudoro Olivares, Jacinto Egui, Carlos Alberto Domínguez Rivodó y Fabio Bocanegra.

Según el desaparecido pintor  Miguel Salazar y antiguo alumno de Recagno, comentaba que tuvo un trato estrecho con su maestro por largo tiempo, y refirió que su segundo nombre no era maría sino marco, por lo que su verdadero nombre debería ser Sergio Marco Recagno.

Sergio Maria Recagno falleció el 10 de enero del año 1935, cuando contaba con apenas 63 años de edad, habiendo firmado el acta de defunción su amigo el Doctor Santiago Martínez, también nacido en Maiquetía y graduado de medico en la Universidad  Central de Venezuela, el 14 de diciembre de 1897.

Artículo editado por; Whylmhar Daboín
Asesor de contenido: Abílio De Oliveira

LA BALANDRA ISABEL LLEGÓ ESTA TARDE (PATRIMONIO FILMICO)


Es una película filmada en el año 1949, en blanco y negro,  y coproducción de Argentina y Venezuela (Bolívar Films),  su dirección estuvo a cargo del  argentino Carlos Hugo Christensen, realizada sobre su propio guion y diálogos de Aquiles Nazoa ; tenía como protagonistas a los mexicanos Arturo de Córdova y  Virginia Luque, con actuaciones de los venezolanos  Juana Sujo, Tomas Henríquez, America Barrios y el niño Néstor Zavarce.
 Su estreno se realizo  3 de agosto de 1950, y obtuvo un  premio en el Festival de Cannes como la mejor fotografía.
 El filme se basa en la novela homónima de Guillermo Meneses, sobre Segundo Mendoza, un marinero margariteño obnubilado por la sensualidad de Esperanza, una prostituta del barrio Muchinga de La Guaira, pero que al final es rescatado por su pequeño hijo.



Aspecto del barrio muchinga para el momento de la filamción

Uno de los elementos más significativos de esta película, es que fue gravada casi totalmente en el Barrio Muchinga de la Ciudad Histórica La Guaira, donde se puede observar las características de la zona y la ciudad a finales de los años 40.


Película original La Balandra Isabel llegó esta tarde

                Muchos de estos espacios urbanos y actividades que se evidencian en la película ya no existen, aunque si se conserva el inmueble donde se desarrollo la mayor parte de la trama. Todo esto, le da a este film un carácter testimonial, convirtiéndola en un Patrimonio Cultural Fílmico del Municipio Vargas, y que debe ser divulgado.





Diversas locaciones actualmente existentes de Muchinga utilizadas en la filmación

Artículo editado por: Whylmhar Daboín
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