LLEGADA DE LOS RESTOS DE JOSÉ ANTONIO PÁEZ A LA GUAYRA EN 1888


El General Jose Antonio Páez,
 Litografia de 1858 de Francois D´Avignon 
 

El General José Antonio Páez falleció en Nueva York el 6 de mayo de 1873, cuando contaba con 83 años de edad. Su muerte se produjo a las siete y veinticinco de la mañana, en una modesta casa marcada con nro. 42 de la calle 20 este, Asistido por el Médico A.K Gardner, muere a causa una bronconeumonía, resultado de un fuerte resfriado, probablemente adquirido en los paseos a caballo que acostumbraba a realizar  por Central Park en las semanas previas a su fallecimiento, debido al frio clima Neoyorkino.

Fue el más longevo de todos los próceres de nuestra independencia y como tal quien más actividad militar y política desarrollo.

            Para el momento de fallecer, estaban a su lado, su hijo Ramón Páez Ricaurte y muchos emigrados políticos como él, la mayoría cubanos, que le amaron y le respetaron en vida, recordando la excelente disposición que mantuvo Páez, de obedecer la escogencia que de  él hizo  el Libertador Simón Bolívar, para conducir y mandar una expedición a Cuba, con miras a consolidar la independencia de esa isla caribeña y quisieron tributarle en sus últimos momentos una prueba de ese amor y  ese respeto que por tantos títulos  era acreedor el anciano General venezolano.

            En la prensa americana  de ese día  6 de mayo, aparece lo siguiente: “…Murió pobre, emigrado de su país natal, del suelo que libertó con su pujante lanza, con el fuego de su corazón y con la energía de su espíritu ardiente como el sol que baña los inmensos llanos que fueron la cuna de este ilustre campeón de   la independencia americana; como si la Providencia hubiese querido recibirle en su seno maternal, en los momentos de su muerte, en la misma condición humilde y sencilla en que le dio el soplo de vida en la ignota y pobre villa de Araure…”

Había muerto casi en la miseria y en sus últimos años se le veía llevar una vieja ropa para ser remendada. Su cadáver fue embalsamado gratuitamente por el médico cubano Federico Gálvez.

Su cadáver sería sepultado en una parcela municipal del Marble Cementery por no contar con dinero suficiente para adquirir una privada. Alli permaneció durante 15 años y estuvo a punto de ser colocado en una fosa común por cuanto no había dejado bienes de fortuna a sus familiares para que estos cubriesen los gastos de un sepulcro digno y privado

          Tomas Michelena en su obra Resumen  de la vida Militar y Política del Ciudadano Esclarecido  General José Antonio Páez (Tipografía El Cojo, 1899) describe el hecho de la siguiente manersa: “… ayer por la mañana a las 10, los amigos personales del muerto, inclusive los doloridos, se reunieron en la última morada  de la Calle 20 del Este, para dar la  última  visita a sus restos. - A las diez y cuarto salió el féretro entre las lágrimas de los dolientes, y fue colocado en un sencillo carruaje tirado por dos caballos. Sobre el féretro había dos banderas americanas, una de las cuales hecha de seda y terciopelo y hermosamente bordada en plata y oro, había sido presentada por el propio General Páez al Mayor A.E. P. Green quien comandaba la tropa que  escoltó al caudillo   al buque que lo llevó a Venezuela, en la primera partida de esta ciudad a su Patria… …El carruaje y el acompañamiento compuesto de una docena de coches, llegaron a la Iglesia  Católica  Romana de San Esteban (sic) a las diez y media de la mañana. Ya a esta hora estaba llena la hermosa iglesia por todas partes. El féretro fue llevado al pie del presbítero y colocado sobre unas andas a cuyos lados había seis candelabros con velas encendidas. Sobre el ataúd había cuatro guirnaldas de flores, mientras a la cabeza y pies estaban colocados en posición recta dos cruces de flores siemprevivas…”  

“…Posteriormente fue llevado al Marbel Cementery y depositados temporalmente en una bóveda a la espera que el Gobierno y el pueblo de Venezuela reclamaran los restos de aquel patriota para ser sepultados con honores militares…”



General General José Antonio Páez
Foto de Federico Lessman, Col. Museo Bolivariano Caracas 
 


Circular del Comité que organizó las exequias del General Páez en Nueva York-1888
Fue solamente en 1888 cuando Páez regresó a su patria, durante el gobierno del General Hermógenes López. Los actos que entonces se organizaron para llevar sus restos al Panteón se intitularon “La Apoteosis del General Páez”. Su cadáver había estado fuera de su tierra natal durante quince años.
            
           Trascurre el día 7 de abril de 1888, cuando en horas del mediodía, el Fortín El Vigía del puerto de la Ciudad Histórica La Guaira, con repiques de campaña y con su conocido código de señales anunciaba que había “fragata americana a la vista”, lo que produjo una gran excitación entre el pueblo del puerto que esperaba el arribo de dicho navío. La fragata extranjera era el “Pensacola”, que había salido de Nueva York con los restos del ilustre venezolano el día 24 de marzo, después de haber permanecido cuatro días en capilla ardiente las cenizas del héroe, recibiendo los más grandes honores del pueblo del pueblo norteamericano.


Honores en capilla ardiente en Nueva York en 1888
Exequias militares rendidas a José Antonio Páez
(Foto. Fundación Jhon Boulton)

Salida del féretro por la Plaza del Central Park por la Calle 59 oeste
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)
Fue impresionante el desfile por la Quita Avenida hasta llegar al embarcadero donde acudió el pueblo en masa a darle el último adiós.

Procesión de los restos de José Antonio Páez por la 5ta. Avenida de Nueva York
(Foto. Fundación Jhon Boulton)

La procesión bajando por la Plaza y Parque Mádison  y la 5ta. Avenida
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)

Llegada del carro fúnebre al embarcadero de Nueva York.
(Foto Fundación Jhon Boulton)

La banda marcial y guardia de honor esperando el féretro en el embarcadero de la Calle 26 este
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)
Honores militares al féretro en el embarcadero
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)


Embarque de los restos en la fragata Americana Pensacola
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)
Embarque del féretro en el remolcador para ser conducidos a  la fragata
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)


A las dos de la tarde atracó el buque de guerra en la rada del puerto de La Guaira, e inmediatamente todos los buques surtos en el puerto izaron las banderas a media asta, lo mismo hicieron los dueños de los edificios públicos y casa particulares.

Como era día sábado, las autoridades decidieron que el desembarco de los restos fuese el lunes siguiente, o sea el 9 de abril de 1888.


Fragata Americana Pensacola
            (Foto de 1898)










Ese día escogido, a las nueve y quince de la mañana, se desprendió de la fragata una falúa pintada de negro y con el tricolor patrio adornado de un crespón negro, en donde fueron colocados los restos mortales del héroe. Enseguida, el General Carlos Ferrero, con precisión y gran lucimiento inició la marcha naval hacia los muelles, haciendo escolta de honor a la falúa en la cual venían los restos del General Páez, todos los botes y lanchas que se encontraban fondeadas, siempre con las banderas a media asta. En varias lanchas venían unos marinos de la fragata “Pensacola”, quienes al desembarcar rindieron honores en correctas formación. En el momento del desembarco, la fragata hizo una salva de despedida de 21 cañonazos.

Los pilares del muelle habían sido vestidos con tela blanca, artísticamente cruzadas con cinta negra, sosteniendo 36 trofeos formados por las banderas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia. En el centro de cada trofeo iba un escudo orlado de laureles, donde se grabó el nombre de alguna batalla de nuestra independencia en la que hubo combatido Páez.

El techo que cubría el muelle estaba cubierto de bambalinas con los colores nacionales, completándose así adorno del sitio de llegada. Para mayor realce del acto, el piso del muelle había sido enarenado convenientemente y se colocaron alfombras en el centro del mismo.

         Al atracar la falúa con los restos de nuestro héroe, toda aquella inmensa multitud que esperaba en silencio, se descubrió respetuosamente y sombrero en mano permaneció hasta que los restos del General José Antonio Páez fueron colocados en un vagón del ferrocarril, que había sido acondicionado para dicho evento. Enseguida, el General Jacinto Regino Pachano en emocionado discurso hizo entrega de tan preciosa reliquia a la Directiva de La Guaira encargada de recibirla. También manifestó su agradecimiento al Gobierno y al pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica por los actos celebrados en Nueva York, y que él había tenido la oportunidad de presenciar. El General Juan Bautista Arismendi, tomó la palabra para decir entre otras cosas: “En nombre de la Junta Directiva que tengo el honor de presidir, recibo las gloriosas cenizas del héroe de nuestra independencia que fatigó a la historia con sus hazañas y cuyos sacros restos la Patria espera para colocarlo en el templo de la inmortalidad, al lado del gran Bolívar y sus otros compañeros de gloria. Allí reposarán esas reliquias veneradas y servirán de estímulo a las generaciones venideras cuando se trate de la honra de la Patria…”.

            Junto con la multitud había un grupo de señoritas, quienes vestían trajes similares a los usados en la época romana, y que representaban a las naciones bolivarianas. Al lado de cada una de ellas, se había colocado un general venezolano, portando la bandera de cada una de esas naciones hermanas, excepto la venezolana que la llevaba el Cónsul de los Estados Unidos de Norteamérica, señor Winfild S.
Bird, como homenaje al país que había recibido con fraterno cariño a nuestro destacado venezolano fallecido.

            Las banderas bolivarianas las portaban los generales Tito Alfaro, Alfredo Sarría, José García y Esteban Aranda. Las banderas de los Estados Unidos la sostenía el General Juan Bautista Arismendi, quien presidía la Junta Directiva de la Comisión por La Guayra. Una banda marcial ejecutó el Himno de Venezuela mientras toda la oficialidad y tropa se cuadraba. Luego fue ejecutado el Himno de los Estados Unidos.

            El desfile desde los muelles hasta el vagón del ferrocarril se organizó así: a la izquierda los soldados venezolanos y a la derecha la tropa norteamericana formada por marinos. En medio de estas dos columnas y detrás del féretro venían los familiares de Páez; la comisión venezolana y el comité de Nueva York, encargados de la repatriación de los restos del héroe; el comandante de la fragata, Capitán Arthur R Yates y el Segundo Comandante, W. Reisinger; la oficialidad de la nave norteamericana; los prominentes jóvenes del litoral; Miguel Castillo Rivas, César García Monjuí, Juan Francisco Hernandez, Luis Castillo Rivas, Carlos Hellmund, Froilan Monteverde, Ramón de Lergórburu, Enrique Abadíe, Martín Anderson, Enrique Olaizola, Prudencio Gutierrez, Pedro Dominguez Gil, Lorenzo Badillo, Porfirio Tamayo, Pedro Díaz Otero, Ramón S. Gosling, Heriberto García Monjúi, Juan Guerra Ciasneros y Manuel Badillo. La Junta Directiva de La Guayra hizo entrega de un bello ramo de flores para ser colocado sobre los restos mortales.


Honores militares rendidos a Páez frente a la Casa de la Aduana en La Guayra
(Foto Fundación Jhon Boulton)
            Cuando el vagón del ferrocarril terminó de llegar a la estación situada frente a la casa de la Aduana, hoy casa Guipuzcoana, los marinos de la fragata y tropa venezolana, presentaros armas de frente, mientras que un grupo de hermosas damas del litoral lanzaban una lluvia de flores desde la casa de la Aduana.

            La Junta Directiva de La Guayra, presidida por el General Juan Bautista Arismendi, procedió a colocar sobre el féretro situado en el vagón especial, las insignias y objetos siguientes: Charreteras de General en Jefe, el bastón de mando, el sombrero y la magnífica espada que perteneciera al General Juan Bautista Arismendi; la barra de oro que fue del General Miranda; una hermosa bandera venezolana de seda y una preciosa corona de inmortales entretejida por un tul negro con flecos de plata y sujeto con un gran lazo tricolor, también le fue ofrendada la bandera de los Estados Unidos que vino cubriendo la urna desde Nueva York.

            La señoritas que representaban las naciones bolivarianas, tomaron cada una uno de los cordones de seda con borlas de oro de la urna que contenía los restos, mientras que la otra mano llevaban cestas colmadas de flores para regalarlas al paso. Estas señoritas eran: Luisa Aurora Arismendi, nieta de Luisa Cáceres de Arismendi; Dolores Arismendi, prima hermana de la anterior; María Teresa Smith, bisnieta del prócer Guillermo Smith; Isabel Golding, bisnieta del Almirante Luís Brión; y Marta Teresa García, nieta del Capitán de Navío Jose María García. Representó a los Estados Unidos, la señorita Ana Teresa Arismendi también nieta de Luisa Cáceres de Arismendi y del General Juan Bautista Arismendi.

            En horas del mediodía se ofreció un banquete en la Casa Guipuzcoana al Comandante y oficialidad de la nave “Pensacola”, entregándosele como recuerdo, una hermosa bandera venezolana. Mientras tanto, seguía llegando gente del pueblo a la estación del tren para darle el último adiós al General Páez. A las tres de la tarde partió el tren hacia Caracas, adonde eran conducidos para que reposaran para siempre en el altar de la Patria.

Jóvenes de Caracas vestidos con el uniforme de los Husares de Páez  a la espera
para el traslado de las cenizas del General José Antonio Páez al Panteón Nacional

José Antonio Páez
(Foto anónima, 1863)


Epitafio del General José Antonio Páez, publicado en año 1888 en el Cojo Ilustrado

Artículo editado por: Whylmhar Daboín



PARQUE METROPOLITANO EL JUNQUITO


Parque Metropolitano El Junquito

Origen Histórico 
El área que Ocupa el actual Parque Metropolitano  El Junquito, era el de la antigua Hacienda El Tibrón, cuyo dueño a principios del siglo XIX fue el  Señor Julio Padilla, quien la hipotecó a un  banco, y al no poderla pagar fue embargada. En años posteriores fue adquirida al fisco nacional por el señor Indalecio; dicha hacienda originalmente colindaba con Macarao y El Tiburón.

En 1948 se fue formando el pueblo de El Junquito, y no es sino hasta la década de los años 50 del siglo XX que se construye la carretera de El Tiburón. En la década de los años 60 una parte de los terrenos de la hacienda fue utilizada para el establecimiento de la reconocida y Vieja Discoteca El Junko Park, la cual paso luego a llamarse La Gran Posada, hasta su expropiación, por parte de la Gobernación del Distrito Federal, en el año 1969.
 
El 13 de mayo de 1975 se decreta la creación del Parque Metropolitano El junquito (Decreto 913 de fecha 13/05/1975 / G.O. 30693 de fecha 15/05/1975)   estableciéndose un convenio por 150 años, entre el Ministerio de Ambiente y los Recursos Renovables y el Instituto Nacional de Parques, para su manejo, conservación y protección.

Durante veinte años aproximadamente, en los terrenos del Parque, se realizaban varias actividades tales como: carreras de caballos, donde niños y adultos se deleitaban tomando cintas y aros se efectuaban carreras de sacos, el transporte del huevo en la cucharilla en las categorías infantil y juvenil. Los adultos además de competir en las tradicionales carreras de caballos donde sacaban el cuerpo de un gallo enterrado tomándolo por la cabeza y en otras ocasiones para atrapar el cochino engrasado, todo esto organizado por Asociación de Alquiladores de Caballos de la Parroquia Junquito (ASOPRACAJUN), donde se otorgaban al finalizar las actividades los premios y trofeos.

A partir de 1 de febrero de 1997, se abrió el Parque Metropolitano El Junquito al público,
Manteniéndose el alquiler de caballos en las pistas y ofreciendo otros servicios.

Descripción General:
El Parque Metropolitano El Junquito, está ubicado en el Km 23 de Carretera Nacional de El Junquito-Colonia Tovar,  en la Parroquia El Junko del Municipio Vargas del Estado Vargas, tiene una extensión territorial de 780,3 hectáreas, de las cuales solo 6 están desarrolladas para las actividades del parque.

Actualmente tiene como lindero norte, La Hacienda La Rochela; por el este, con la Carretera Nacional La Neblina; por el oeste, con la Urbanización Junko Country Club; y por el sur, con El Pozo y la Carretera Nacional La Neblina.

Se encuentra a una altura de 1800 metros sobre el nivel del mar, y su temperatura varía en el año desde 2ºC hasta 25ºC

Vegetación
            El Parque Metropolitano El Junquito, se encuentra dentro de una formación biológica denominada, Bosque  Nublado, debido a que las nubes y la neblina que invaden el bosque, se forman por las corrientes ascendentes de aire que ha sido calentado por el sol al nivel del Mar Caribe. A medida que el aire sube por las laderas de la montaña se va condensando y forma extensas nubes que envuelven al bosque con la húmeda neblina, la cual al llegar al punto de saturación genera cortas lluvias.

La humedad es factor que influye en la abundancia de las formas biológicas vegetales que se observan, como árboles de porte elevado y siempre verdes, epifitas, trepadoras, hierbas gigantes, helechos, palmas, musgos, líquenes destacándose principalmente diferentes tipos de Palmas
, Pinos, Matapalos, Eucaliptos, Guamos, Casuarinas, Orquídeas, Jabillos y Robles, entre otros. 
Vegetación típica del Parque Metropolitano El Junquito
 Fauna
             El Parque sirve de albergue para una gran diversidad de especies de insectos, artrópodos, anfibios, aves, reptiles y mamíferos, destacándose entre las aves los Pericos, Querrequerres, Loros, Azulejos de montaña, Corbaticas, Tucanes verdes, Tangaras, Tucusitos o Colibríes,  Lechuzas, Tordos, Mirlos, Gavilanes, Carpinteros, Guacharacas, Camatas  ; mamíferos como las Perezas, , Murciélagos, Lapas., Picures, Armadillos(cachicamos), Rabipelados, y algunas Serpientes como: Mapanare Medusa y Minadora entre otros animales.

Pereza típica
Loro 




Servicios que posee el parque: 

·         Cafetín.
·         Cabañas 
·         Sanitarios
·         Pista para Monta de Caballos. 
·         Estacionamiento. 
·         Área de Pernocta. 
·         Carritos Eléctricos. 
·         Mini cancha de Bolas Criollas.
·         Pista para motos de bajo cilindraje. 
·         Parrilleras. 
·         Áreas Verdes. 
·         Colchones Inflables.

Área de recreación Parque Metropolitano El Junquito



Horario: 
De Martes a Viernes De 8:45 a.m. a 4:30p.m.
De Sábado, Domingo y Días Feriados De 8:45 a.m. a 5:30pm




Artículo editado por: Whylmhar Daboín

ORÍGENES DEL MONUMENTO Y PLAZA EN HOMENAJE A JOSÉ MARÍA VARGAS


Monumento de José María Vargas en la Ciudad Histórica La Guaira.
(Foto año 2011)

Transcurría el año 1886, cuando ya para el 10 de marzo se había nombrado una Junta en la Ciudad Histórica La Guaira que se encargaría de diligenciar la colocación de un monumento en conmemoración del primer centenario de nacimiento del hijo ilustre de la región José María Vargas. lo primero que se haría después  que se culminasen las consabidas reuniones de rutina, era colocar una primera piedra en la llamada Plaza de La Alameda de La Guaira, y que sería rebautizada con el nombre glorioso de Plaza Vargas.

Plaza de la Alameda en La Guaira para el año 1866
Exactamente el día 10 de marzo de 1886, día de tan magno evento de culto a tan insigne venezolano, se organizaron desfiles cívicos que fueron muy concurridos, y los mismos tenían la característica de contar con bellas carrozas  donde venían montadas hermosas mujeres del lugar, las cuales portaban un enorme retrato del sabio Vargas, que a su vez estaba adornado por ramos de flores a profusión.

Para comenzar el desfile se escogió como lugar de partida, la Plaza situada antiguamente frente a la actual casa Guipuzcoana, que era el local donde funcionaba antes la Aduana Marítima. 

Casa Guipuzcoana.
Foto de Federico Lessmann, finales siglo XIX.
Antes de que se moviera una carroza hablo el General Felipe Esteves, profundizando sobre lo trascendental de ese momento para la nacionalidad venezolana y por la obras realizadas por Vargas como médico y funcionario público: después se inició el desfile que encabezaban cinco corceles blancos bellamente enjaezados y montados por elegantes jinetes disfrazados disfrazados de paje del siglo XVIII. Detrás de los briosos caballos seguía un carro alegórico, en el  que iba situado en sitio de honor un retrato de grandes dimensiones hecho al óleo del Dr. José María Vargas. Esta carroza alegórica estaba tirada por siete caballos y viajaban siete muchachas guaireñas, representaban las ciencias y las virtudes que acompañaron siempre e este ciudadano ejemplar. Las señoritas Ramona Arocha, Leonor Legorburú, Eloisa Fernández, María Galindo, Josefína Legorburú, María Perichi y Merdes Legorburú, representaba para todos a la medicina, la Teología, La Libertad, la Filosofía, la Sabiduría, la República y la Historia.

El itinerario a seguir por este desfile cívico era el siguiente; Casa Guipuzcoana a esquina de la Cárcel; de aquí a la botica Domínguez, luego a la esquina del León, Caja de Agua, bajando por la calle del Caracol hasta la esquina de Punto Fijo; siguiendo por el puente de Las Trincheras hasta concluir en el antiguo Templo Masónico de la Respetable Logia Unanimidad Nro. 3, situado diagonalmente con el viejo mercado de La Guaira que funcionaba donde está hoy la Unidad Sanitaria. 

A la izquierda la Logia Unanimidad Nro. 3, a la derecha el Mercado Municipal de La Guaira para el año1877. 
Como era miércoles de ceniza y habían levantado muchos arco alegóricos en las esquinas con adornos de carnaval, se aprovecharon los mismos, previas modificaciones, para convertirlos en arcos de triunfos en honor a Vargas y con muchos adornos donde prevalecían los colores patrios.

Por cierto, cuando el desfile llegó al arco situado en la esquina de la Cárcel Vieja, junto a la propia Plaza de la Alameda (Vargas), en una tribuna que había sido  puesta allí, pronunció un vibrante discurso el maestro Manuel María Villalobos.

Estando el desfile llegando a la esquina de Caja de Agua, tomó la palabra el periodista Casto Ramón López, padre del escritor Casto Fulgencio López. También habló el conocido médico y sabio Francisco A Rizquez, quién entre otras cosas dijo: "Vargas amó la Medicina como a su madre la Providencia, que colmó de dones. Hoy que esta cuna del sabio inmortal se apresta a perpetuar la memoria del padre de nuestra medicina, juremos labrar la ofrenda que ha de ser grata al gran maestro: la unión, la moralidad y el adelanto del gremio médico, únicos títulos con los cuales podemos exhibirnos como dignos discípulos del abnegado, del filántropo, del modesto, del sabio Dr. Vargas".

Después del sabio Rísquez, habló el Dr. Manuel Palacio Rengífo, Secretario de la Junta Pro Celebración del Centenario, quién con gran emoción expresó "Bolívar, Vargas y Bello forman una diadema nacional que debemos preservar", solicitando que desde ese mismo día,  la Plaza de La Alameda se llamase Plaza Vargas. Cuando el desfile llegó a la Logia Masónica, el mismo se dio por concluido y el enorme retrato de Vargas fue llevado al interior del templo, donde recibiría el homenaje de las siete señoritas o ninfas guaireñas.

La señorita Libertad dijo estas palabras: "La Libertad os presenta en este día su emblema glorioso como a su mas ferviente adorador".

La señorita Filosofía: "Vuestro amor a la sabiduría os señala puesto distinguido entre filósofos".

La señorita Medicina: "La medicina venezolana os ha discernido el título de padre y fundador y  os presenta esta corona tejida con los frescos e inmortales laureles que segasteis en el campo"

La señorita Teología: "El estudio de la divinidad fue la segura base sobre la cual levantaste el edificio de tus eximias virtudes". 

La señorita Sabiduría: "Minerva ciñe tu frente  con la corona de inmortales que tiene reservada para sus hijos predilectos"

La señorita República: "La soberanía popular encarnada en la Ley, que mereció vuestro mas profundo respeto, os cubre con su manto.".

La señorita Historia: "Vuestro nombre lo ha grabado en mis páginas la gratitud con caracteres indelebles y ha pasado a la posteridad con el brillo de vuestra obra".

Las logia Masónica esa noche estaba espléndidamente iluminada y sus paredes lucían bellos adornos que le daban una apariencia monumental. En esa tenida se estrenó el himno a Vargas, letra del periodista Casto Ramón López, y música del compositor Feliciano Cordero, director de la orquesta que amenizó la velada en ese centro y otros actos del Centenario.

Después de interpretado el himno a Vargas, muchos se disputaron el derecho a decir loas a José María Vargas, tomando su turno como oradores las siguientes personas: el Dr. Felipe Ezpinoza, discípulo de Vargas; el poeta y periodista Casto Ramón López; el escritor Miguel Eduardo Pardo y el maestro Emilio Gimón Sterling. Entre los actos que presentó la Logia ese día, se incluyó ayudas económicas a gente pobre de la localidad y también un almuerzo a los menesterosos. 

En Caracas y en otras ciudades de Venezuela también se conmemoró el Centenario del nacimiento de Vargas, habiendose conocido que en la Universidad Cnetral de Venezuela tomó la palabra Paulo Emilio Romero, guaireño que cultivaba las letras, la pintura y la música, contándose entre sus producciones la canción "Fúlgida Luna" de grato recuerdo para todos nosotros. 

En ese acto en la UCV, el poeta Paolo Romero leyó el siguiente soneto:

"No en el sangriento campo pelea
los verdes ramos de laurel rebate;
la palabra es su espada de combate;
su divisa es la llama de la idea.

El ingenio en su frente centellea; 
el patrio amor entre sus venas late;
es cóndor cuyo vuelo no se abate
y en piélago de luz se enseñorea.

La ciencia y la virtud fueron su égida, 
la modestia su timbre soberano
y mas que un bronce y mármol esculpida
tiene una estatua el generoso anciano 
por sus eximias dotes erigida
¡en cada corazón americano...!


Posteriormente, el día 2 de enero de 1889, en la primera reunión correspondiente a ese año, el Ilustre Concejo Municipal del Distrito Vargas del Estado Miranda, se decretó la erección de una estatua del sabio José María Vargas en la plaza escogida para el caso, que no era otra que la de La Alameda. El proyecto de acuerdo para erigir este monumento lo presentó el Concejal Jesús María Rojas Paul, pariente del Presidente de l a República Dr. Juan, Pablo Rojas paúl.

El Concejal Rojas Paúl, después fue nombrado Secretario General de Gobierno del Gran Estado Miranda, y desde allí siguió luchando para que la estatua fuese una realidad. Posteriormente, al efectuarse las elecciones, el Concejal Rojas Paúl fue elegido como Presidente del Estado Miranda, designando una Junta que dependería del Concejo Municipal de la guaira y que tendría a su cargo lo relativo a la inauguración de la estatua. Esta Junta estaba  formada por los ciudadanos D. Palacios Rengifo, Dr. Casimiro Hernández, Dr. José A. Díaz, Dr. Alberto Guerra y los señores Evaristo Díaz, Juan Francisco Hernández, Antonio Poleo Gonell, Tomas D. Gosling, Luis Casimiro García y Juan Antonio Guardia.


Al fin, el domingo 2 de febrero de 1890, en fecha memorable para los guaireños,  se inauguró solemnemente la estatua del sabio José María Vargas, la cual había sido elaborada en bronce por el escultor Rafael de la Cova, se caracterizaba por estar el ilustre sabio de pié, con los brazos flexionados y con un libro entre ellos y su pié derecho con un paso adelante.


Plaza Vargas hacia el año 1920

 Un periodista de la época narra los acontecimientos así:

"El sitio elegido para colocar la estatua es la plaza que lleva el nombre del esclarecido sabio, lugar céntrico, que si ya antes era un hermosa atractivo de la ciudad, ahora había sido reformado radicalmente y convertido en precioso parque bajo la competente dirección del señor Jacobo de León, quien es tan artista como ingeniero. Las fiestas prácticamente comenzaron desde la noche del sábado con la retreta y fuegos artificiales  en la mencionada plaza decorada  con profundas iluminarias, pendones, grímpolas y artísticos trofeos. La Banda Militar del distrito Vargas, dirigida pr el profesor Villena poblaba los aires con su poderosa armonía y contribuia a  la expanción de tan grande concurrencia, que apenas podía contenerse en el recinto y en calles y avenidad adyacentes. En la Plaza de San Juán de Diós también hubo retreeat por la orquesta de La Guaira, dirigida por el maestro Butto. El resto de la ciudad también ostentaba engalanada con profusión..."

Refiriéndose ya al día 2 de febrero de 1890, agrega el periodista " Amaneció este día magnifico, uno de aquellos días tropicales en que el sol lanza su luz, haciendo resplandecer toda la pureza del cielo y despojando  a la tierra hasta de las mas escondidas sombras de sus bosques y montañas. A las nueve de la mañana estaba invadida por la concurrencia no solo los alrededores de la plaza sino las avenidas que dan a ella y los balcones y puertas de las casas vecinas"

Un  grupo de señoritas vecinas del poblado, integrado por  Amalia y Adela Prince, María Perichi, Rosa Ortega, Nieves Bosque, Isabel Monzón y María Ortega se situaron al pié del pedestal para decorrer el velo que cubría la estatua. Como a las nueve de la mañana hizo su entrada a la plaza el Señor Carlos María  López, quién en representaba al Presidente de la República señor Rojas Paúl que sufría quebrantos de salud y se excusó de poder asistir, también asistió el Doctor Raimundo Andueza Palacios ,  representando al Gobierno del Estado Miranda, e integrada ademas por el Doctor Sebastian Casañas y el señor Manuel María  Fernández; el Ilustrisimo y Reverendisimo Arzobispo y otros distinguidos prelados; empleados  nacionales y municipales:; el Concejo Municipal de La Guaira; Sociedad Benefica; la Lógia Unanimidad Nro. 3; una representación delo Colegio de Médicos de Caracas; representantes dela prensa, comercio, industria, médicos de carabobo, estudiantes. Igualmente se  hicieron presentes la Junta Comnunal del Muncipio Aguado, las Sociedades Mutuo Auxilio y Vinculo de Caridad, represnetantes del Club Unión Guireña, Club de Remeros Neptuno, Club Soublette, Farmacia de Abrahan Baíl y Lucio Torres y familia. Las palabras de  clausura del  acto estbieron a cargo del Doctor Alberto Guerra Marcano.

Vista aérea de la Plaza Vargas con su diseño original,
-años 1930-1940-

Aspecto de la primera reforma de la Plaza Vargas
 -Foto de los años 70 del siglo XIX-

Luego de construirse la Plaza Vargas, ha sufrido en tiempos posteriores cuatro remodelaciones, cada una restando esencia a la anterior como símbolo y pequeño pulmón vegetal del municipio, y su uso como plaza en el sentido exacto de la palabra.

En la actualidad la Plaza vargas no conserva ningún elemento de la original luego de tres tres remodelaciones, perdiendo así  su  esencia original al modificarse su diseño, colocarse el monumento al  costado oeste de la plaza y eliminado la mayor parte del verdor de su arboleda. Situación que en un futuro debería revertirse y volver al significado y diseño original del la plaza.

 Aspecto de la Plaza Vargas luego de la última remodelación -2006-
VER: Escultor Rafael de la Cova

Artículo Editado Por: Whylmhar Daboín 
Asesor de Contenido: Abílio de Oliveira